Por el momento, hasta que esa gloriosa época comience, en cuestión de meses, el contacto con los muertos nos contamina, ya que nos recuerda la desobediencia de Javáh y el precio que toda la raza humana pagó por ello: el ser expulsados del Gán Éden. Esta desobediencia es a la que se refirió Ieshúa cuando le dijo al joven que debía sacar los huesos de su padre y colocarlos en el osuario, (1) pero que también quería seguirlo: “Deja que los muertos (espirituales, en vida) entierren a sus muertos (físicos)”.
(1) De acuerdo a nuestra traducción mesiánica renovada del Pacto Renovado en dos tomos.
Ese fue precisamente uno de los más grandes propósitos de Elohím Padre al tomar un Cuerpo y llamarse Ieshúa: descender a este exilio donde la raza humana pasa su historia y salvar y rescatar de él a millones de millones de almas que anhelan conocerlo a Él, Rey de reyes y Señor de Señores. Para venir a completar a Su Prometida, el Mashíaj vino a ser uno de nosotros, “Imánu Él” (“Elohím con nosotros”).
Después de Su muerte y resurrección, Su Rúaj está aquí para vivificarnos, para santificarnos, para apartarnos del mundo pecador y “darnos vida y vida abundante”.
Nuestra vida carnal es, entonces, sólo un pálido reflejo de la vida espiritual que nos espera a aquellos que OBEDECEMOS a Elohím, tratando de agradarle y de “cumplir Sus Mandamientos para tener derecho al árbol de la vida” como dice en Rev. 22:14 en griego y por supuesto, en el original hebreo.
Todo este mundo no es sino una métafora del Universo espiritual que nos aguarda, algunos para estar con Él y a otros, para estar alejados de Él, de acuerdo a nuestras decisiones y calidad de vida espiritual y mental que estemos viviendo en este momento y en el día de hoy.
La esencia de la vida es, entonces, Elohím mismo viviendo EN y DESDE nosotros, a través del Mashíaj y del Rúaj vivificándonos y transmitiéndonos Su vida, y un poco de Su eternidad para cada uno de nosotros cada día de nuestra vida terrena.
Esta vida plena se puede simbolizar por la luz, que es un emblema de muchas cualidades asociadas a Elohím: lo espiritual, eterno, lo que alimenta (en un sentido espiritual), lo puro; y el poder de la luz en su velocidad (no hay nada en el Universo más veloz), que—a su vez—es una metáfora de Su revelación y de Su comunicación con aquellos que lo escuchamos y sentimos Su presencia en nosotros.
Esta luz que es Elohím decidió construir para nosotros, como pozos de agua en el desierto, las ocho grandes festividades/moadím, para que recordemos sus significados y sus “llamados a la santidad” (mikréi kódesh). Cada una de estas festividades es una cita con una de las Dimensiones de Elohím, como ya los hemos explicado en nuestros libros disponibles en nuestro sitio.
Pésaj, que acaba de pasar, es la metáfora de nuestro encontrar al Mashíaj y Elohím para ser salvos y rescatados de este exilio/galút que es nuestra vida terrena y comenzar nuestra libertad/jerút, hacia la libertad eterna, que es vivir con Elohím para siempre.
Shavuót (que está por venir) es otra metáfora: la de nuestro encontrarnos con la Toráh (en el Sinái) y con la Toráh internalizada en el Rúaj ha Kódesh, en “vuestras entrañas y corazones” como dice en Jer. 31:33. Este es el verdadero significado del “Brít Jadasháh”=el tener la Toráh internalizada en “vuestras entrañas y corazones” para poder cumplir los mandamientos de la Toráh con más facilidad y con la ayuda del Rúaj viviendo EN y DESDE nosotros.
Sukót es la metáfora de lo máximo: de la suma de Pésaj más Sukót = el llegar a la Presencia de Elohím Padre limpios y santificados hasta un punto, por lo menos, por haber encontrado al Mashíaj verdadero y caminar hacia nuestra libertad en Él (DE ha satán y del pecado) y por tener al Rúaj dentro nuestro, indicándonos Su Verdad eterna y Su Toráh.
Aquí, en estos dos conceptos distantes, la esencia de la Vida Eterna y las tres grandes festividades, tenemos nuestra meta, el propósito de toda la vida humana en la tierra: el encontrarlo y el “conocerme y entenderme”, cada vez más, cada vez más profundamente y más íntimamente, como se conoce a un gran amigo, como se conoce a nuestro cónyuge y con quien se comparte nuestra vida. No en balde Elohím es llamado el Esposo de Israel, ni Ieshúa es llamado el Novio de la Prometida, ya que hay un matrimonio que está por suceder en cuestión de meses ahora, no de veinte siglos, y por lo tanto, una relación colectiva implícita en esas palabras y conceptos.
EL CAMBIO CONTINUO: LA ESENCIA DE LA VIDA ESPIRITUAL
El camino a una vida espiritual es el cambio continuo, como el ascender al Hár Tzión/Monte Tzión en Ierushaláim. Este es un principio fundamental dentro de nosotros, el Judaísmo Mesiánico Renovado. En realidad, debemos visualizar el cambio espiritual como un ascender el Har Tzión. Una vida espiritual siempre igual, sin una comunicación diaria con Elohím y con Ieshúa a través del Rúaj ha Kódesh es como una cascada de agua corriente, que de pronto se estanca, y pronto se llena de larvas de mosquitos y de suciedad y comienza a oler mal. Exactamente lo mismo sucede con nuestra vida espiritual y mental. Debemos estar preparados y mentalmente dispuestos a cambiar continuamente nuestra caja de creencias y no permitirnos el estacionarnos dentro de ella y quedarnos allí por años, como muchos creyentes lo hicieron y siguen haciéndolo, porque no saben otra cosa.
Claro que el cambio es estresante, demasiado estresante para la mayoría. El resultado es el estancamiento y eso es lo que no debemos admitir en nuestra vida espiritual. Elohím y especialmente Su Rúaj es una cascada de agua fresca que fluye continuamente, diferente en cada segundo. O bebemos de esa cascada, o nos veremos obligados a beber del agua estancada.
También es de esperar que haya dentro de nosotros lo que podemos llamar “terroristas mentales” que sabotean todo nuestro esfuerzo para cambiar. También las podemos llamar “interferencias” con nuestro propósito para cambiar. Uno de estos terroristas mentales es el temor al cambio, y al estrés que el cambio trae consigo. El cambiar de religión es muy difícil, especialmente cuando toda nuestra familia y amistades están en contra. Allí es donde debemos decidir qué es más importante: la Verdad de Elohím o nuestra paz/shalóm emocional y mental para toda la eternidad. Si estamos lo suficientemente crecidos espiritualmente hablando, ya sabremos que la Verdad de Elohím es lo más importante—a la larga—para nuestra vida espiritual, aun cuando esto signifique un sacudimiento de nuestro shalóm familiar. Elohím sabrá premiarnos por nuestra confianza en Él y el anteponerlo a Él primero, en vez de a nuestra familia o amigos que piensan diferentes. No estamos diciendo que es fácil de hacer, porque no lo es, pero DEBEMOS hacerlo, si es que deseamos que Elohím esté satisfecho con nosotros y que caminemos en la Verdad de Él y no en el engaño de ha satán, que rodea el mundo como una sábana negra. El caminar con Ieshúa a nuestra derecha nos va a llevar a la Eternidad, que es Su propósito para nosotros, para que seamos Su Esposa/Kaláh para siempre, gobernando el Mundo futuro, espiritual, donde ya ha satán no podrá tocarnos por mil años. Es nuestro deber, en estos pocos meses que nos queda en la tierra, acercarnos a Él en todo lo posible, y aprender todo lo que Él desea enseñarnos, para poder vivir la clase espiritual de vida que Él tiene destinados para Su Esposa. ¡Amén! (¡Que así sea!)

