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Viernes, 03 Abril 2015 03:01

PARASHÁH SHMINÍH/OCTAVA

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DIFUNDIENDO EL JUDAÍSMO MESIÁNICO RENOVADO PARA TODA LATINOAMÉRICA, LOS EE.UU. Y EUROPA

PARASHÁH 26
SHMINÍH/OCTAVA

26 DEL MES PRIMERO DEL 5776
4 DEL MES DE ABRIL DEL 2015

Lectura de la Toráh: Vaikráh/Y llamó/"Lev." 9:1-11:47
Lectura de la Haftaráh: 2 Shmuél 6:1-7:17

Por Julio Dam
Rébe Mesiánico Renovado

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Vaikráh/Y llamó/"Lev." 10:3: "Esto es lo que dijo ADONÁI:En los que se acercan a mí, mostraré mi santidad, y ante todo el pueblo seré glorificado".

COMENTARIO DE LA PARASHÁH
CÓMO LOGRAR NUESTRA SANTIDAD

La Santidad/Kedusháh es un requisito que está en el Pacto Renovado: “Sean santos, como Yo soy Santo” dice ADONÁI en 1ª P. 1:16.

Pero, ¿qué es ser santos/kadoshím? ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo lograr tener kedusháh?

La palabra “kadósh/santo” significa, primero que nada, estar separado para Elohím, no mezclado con el resto del mundo que no conoce, o no desea conocerlo. La primera regla para la kedusháh, entonces es:

ESTAR SEPARADOS (PARA ÉL)

Vivimos en un mundo lleno de actividades, de trabajo, de cosas por hacer, de ideas e imágenes diferentes, la mayoría de ellas no de Elohím, que nos contagian en todo sentido, y casi siempre, no en el buen sentido de la palabra. Debemos apartarnos un tiempo todos los días, para estar con Él, para sentir Su Presencia en nosotros, y para pedir Su consejo y Su guía para nuestra vida, para los miembros de nuestra familia, como lo hizo nuestro Modelo, Ieshúa ha Mashíaj. “…subió al monte para orar a solas; y cuando llegó la noche, estaba allí solo”. Mt. 14:23. Los montes en Israel son apenas colinas, pero nos dan una perspectiva de soledad y de aislamiento, que es lo necesario para estar en comunicación con el Padre y contarles nuestras quejas, penurias, y cosas hermosas que nos han sucedido, e interceder por aquellos menos afortunados que nosotros, que están con algún problema o enfermedad. Personalmente, prefiero la orilla del mar, en un lugar rocoso, para contemplar el agua moviéndose, agitándose como el mundo se agita, pero con un ritmo diferente, que llama a comunicarse con Elohím.

En medio de esa soledad, estamos rodeados de Su Presencia y de Su misericordia para con nosotros, que nada somos en realidad. Pero para Él, somos preciosos, aunque muchas veces no lo creamos.

Las buenas decisiones sólo provienen de Él. Nosotros somos demasiado volátiles y falibles para confiar en nosotros mismos para tomar una buena decisión. Si usted necesita tomar una decisión importante, busque un lugar aislado, y comuníquese con Elohím allí, en el medio de un parque, o de un jardín, o de su balcón, con nadie que esté hablándole, y póngase en Su Presencia, porque allí va a tener la suficiente soledad y aislamiento para recibir un buen consejo y una buena decisión, que, muchas veces, puede cambiar nuestra vida.

Hay pensamientos que nos vienen, que son al contrario de esta necesidad de aislarnos. Pensamientos como: “No tengo tiempo”; “Mi familia es de otra religión; ¿qué van a decir?”; “Me necesitan en casa”, etcétera.

Tenemos que hacer del aislarnos un hábito. Primero, nos va a costar; pero luego, si planeamos bien nuestro tiempo—y yo le recomiendo temprano en la mañana, antes de que comience el ajetreo del día—se va a transformar en algo que va a extrañar si no lo hace.

Tenemos de sacarnos el celular y la computadora de nuestro camino, porque nos van a estar llamando y enviándonos iméils continuamente y eso no nos va a permitir lo que necesitamos: un tiempo a solas con Elohím.

ORAR

Lo segundo que tenemos que aprender a hacer bien es orar. Hay diferentes tipos de oración, como ya hemos dicho varias veces en nuestras parashót. La mejor manera es conversar con Elohím, a través de tener al Rúaj ha Kódesh y a Ieshúa dentro de nuestro rúaj. Créame: ¡Él le va a escuchar CADA PALABRA que usted diga! (Y cuando decimos “Él” nos estamos refiriendo al Padre, ya que nunca debemos orarle a Ieshúa, así como Ieshúa mismo nos enseñó: “Cuando oren, digan: Padre Nuestro que estás en los Cielos/Avínu she ba Shamáim”).

Tenemos que comenzar confesando nuestros pecados, tanto los pensados, como los sentidos, como los dichos o los cometidos. Cada uno de estos son un pecado, aun cuando sólo sea un pensamiento pecaminoso y debemos arrepentirnos de ellos.

Como con el aislarnos, el orar tiene sus contras: “No tengo tiempo, estoy muy ocupado”; “No sé cómo orar”; ¡Él no me va a escuchar! ¡Quién soy yo!”, “Tuve una mala experiencia y no quiero volver a pasar por algo igual”; y cosas parecidas, que sólo son excusas para no hacer lo que DEBEMOS de hacer, si deseamos tener una vida exitosa, espiritualmente hablando.

DAR

Otra de las cosas que debemos aprender a hacer un hábito en nuestras vidas, es el dar. La mayoría de la gente es muy habilidosa para pedir, pero no para dar. Debemos adquirir el hábito de dar nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestros oídos, nuestras oraciones, intercesiones, nuestros consejos, nuestra ayuda de todo tipo para todos aquellos que necesitan una u otra cosa. ¿Quiere usted tener hasta que le sobreabunde? Deje de pedir, y comience a dar. Elohím está viendo cada cosa que usted da, y le va a dar cien veces más, sin que hasta usted se dé cuenta.

Para el hábito de dar quizás hay más excusas que para ningún otro: “¿Y quién me va a dar a mí?” “¡Él/Ella no ha hecho nunca nada por mí!”; “¿Por qué no trabaja, como yo trabajo?” Dar a alguien que ni conocemos, o al mendigo que toca nuestra puerta, o alguna ropa que  ya no usamos a un hermano de la sinagoga que no tiene suficiente, es lo más parecido a ser Elohím que cualquier otra cosa. Recuerde: Elohím está viendo lo que usted está haciendo.

EL PERDONAR

También debemos aprender a hacer es perdonar, especialmente a aquellos que nos han ofendido, despreciado, insultado, calumniado, robado. El perdón nos trae descanso, y la atención de Elohím, que no nos escucha mientras tenemos nuestro corazón lleno de rencor, y falta de perdón. Hay muchas excusas, todas válidas para no perdonar: “¡El me insultó!” “¡No se hace lo que ella me hizo!” “¿Cómo voy a perdonar, si arruinó mi vida!” y muchas más.

Sin embargo, la Palabra de Elohím es muy clara: “Si perdonan a vuestros enemigos, yo les perdonaré a ustedes vuestros pecados”.

¿Quiere usted ser perdonado por Elohím y ser recibido Arriba? Debe aprender a aceptar a cada uno como eso, y a perdonar sus faltas y sus ofensas, así como Ieshúa perdonó a quienes lo ofendieron y lo persiguieron. 

EL CONSTRUIR RELACIONES INTERPERSONALES

Una de las características que fomentan y aumentan nuestra kedusháh/santidad, es el construir relaciones con los demás. Ieshúa construía relaciones que llevaban a la salvación, pero también a tener discípulos, que lo seguían a todos lados, para aprender de Él a hacer la Voluntad del Padre. Ieshúa tenía amigos íntimos, como Miriám de Magdala, (nunca se llamò “Magdalena”!) Marta, Iaakóv, Iojanán, Kefás, Eliézer. Debemos dar el primer paso para acercarnos a las personas y darles nuestra amistad y nuestra ayuda. No nos dejemos llevar por nuestros prejuicios, o quizás nuestra timidez o carácter no amistoso, sino que acerquémonos a los demás con el amor de Elohím, y démosles Su amor y el nuestro.

Todos tenemos la necesidad de ser apreciados y respetados, y de ser escuchados y de escuchar a los demás. Pidámosle a Elohím de Su paciencia, si es que nos falta para hacer esto último.

EL AMAR

Esto nos lleva a la última enseñanza, y la más importante: el amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos. El perdón trae un vacío espiritual y especialmente emocional, que debemos llenar con nuestro amor por los demás. Amor significa todo lo demás de que hemos hablados, el dar, el ofrecernos, el orar por los demás, el amar a quienes no son fáciles de amar.

El amor no es un sentimiento: es un acto de nuestra voluntad. Debemos HACERNOS LA PREOCUPACIÓN Y LA DECISIÓN DE AMAR a todos los que nos rodean. Con esa decisión de nuestra VOLUNTAD, vendrá el amor espiritual que viene de Elohím, que es el otro componente del amor. Amaremos a los demás, no sólo porque lo hemos decidido con nuestra voluntad, sino porque Elohím nos ha ayudado, enviándonos amor para cada persona, y perdón. Este amor trae compasión, preocupación por los demás, una inclinación a ayudarlos en lo que sea necesario, y una sensación plena de felicidad que no tiene igual, porque es puro sentimiento de Elohím.

Con el amor de Elohím, además de los demás sentimientos y hábitos mencionados más arriba, logramos el ser kadoshím, como Él desea que seamos.

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Julio Dam

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