Viernes, 28 Septiembre 2018 05:45

PARASHÁH 54 PARASHÁH ESPECIAL DE SUKÓT

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DIFUNDIENDO EL JUDAÍSMO MESIÁNICO RENOVADO PARA TODA LATINOAMÉRICA, LOS EE.UU. Y EUROPA

PARASHÁH 54
PARASHÁH ESPECIAL DE SUKÓT

20 DEL MES DE TISHRÉI DEL 5779
29 DEL MES DE SEPTIEMBRE DEL 2018

Por Julio Dam
Rébbe Mesiánico Renovado

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COMENTARIO DE LA PARASHÁH

LOS SIGNIFICADOS DE SUKÓT

Dice en Vaikráh/Y llamó/“Lev” 23:34: “Diles a los hijos de Israel para decirles: ‘en el día 15 de este mes séptimo, (es) la festividad de Sukót/Cabañas; (por) siete días (los festejarás) para ADONÁI”.

La festividad/moéd de Sukót/Cabañas se festeja durante ocho días, incluyendo Shminí Atzéret (vers. 36), desde el 15 al 22 del mes séptimo, a la caída del sol (del día 22). En contraposición a los “Días terribles/Iamím ha Noraím” que hemos pasado, Sukót es una festividad cargada de gozo y de alegría, por haber sido examinados y habernos examinado nosotros mismos, y haber vuelto a Elohím/teshuváh, como Él nos ordena hacer. Tanto es así, que en Israel, en los días del Rébe Ieshúa, el pueblo de Israel festejaba en los campos y una parte de los compromisos matrimoniales se hacían en este día, con la seguridad de que nuestro Elohím los había perdonado de sus pecados.

Si miramos aún más ampliamente, en el contexto de todas las festividades que nos dejó Elohím para festejar, veremos un iluminador patrón de ascensión de a tres, que son las tres Dimensiones de Elohím: la primera de las grandes festividades/moadím es Pésaj, cuyo simbolismo espiritual se encuentra en Mashíaj Ieshúa, Su muerte y resurrección, como primicias para nuestra propia muerte y resurrección, tanto en esta vida, la vida de nuestro ego, como en la vida venidera/Olám ha Ba, cuando estaremos viviendo y reinando con el Mashíaj, aquellos que hayamos “hechos nuestros deberes”, es decir, hecho Su Voluntad y no la nuestra. (Lc. 6:46).

Esta muerte y resurrección es para mostrarnos el camino para que nuestro ego muera e Ieshúa viva en nosotros, guiándonos minuto a minuto, en cada tarea que debemos hacer cada día (Ro. 8:14), como bien dijo el Rav Shául: “... porque ya no vivo yo, sino que Mashíaj vive en mí” (Gál. 2:20). Este “morir a nuestro ego” y este “Mashíaj vive en mí” es todo el propósito del Pacto Renovado: mostrarnos “una mejor manera” de vivir, de cumplir los Mandamientos, de vivir un estilo de vida moral y ético según la Moral de Elohím y no la nuestra; ya no guiándonos por la Toráh escrita solamente, sino por la Toráh “escrita en nuestros corazones y entrañas” (Jer. 31:31-37), que es la definición de la Toráh del Pacto Renovado/Brít ha Jadasháh.

La segunda gran festividad/moéd del año es Shavuót/Semanas, que tiene lugar, como sabemos, cincuenta días después de Pésaj, es decir, que hayamos comenzado a hacer morir nuestro ego en el madero. Shavuót es la festividad del Rúaj ha Kódesh. Allí el Aliento Santo/Rúaj ha Kódesh de Elohím se presentó por primera vez a todos los reunidos, para ungirlos con Su Poder y Su Verdad. En la primera festividad, hemos aprendido que debemos hacer morir nuestro ego; en la segunda, aprendemos que debemos dejarnos manejar por el Aliento Santo de la Boca de Elohím Padre.

La tercera gran festividad comienza, como sabemos, con Ióm ha Terúah/Día del toque entrecortado del shofár, que anuncia los “Días terribles/Iamím ha Noraím” que acaban de terminar, para que pidamos perdón por nuestros pecados, antes de Ióm ha Kipurím/Día de los Sacrificios Expiatorios, a principios de esta semana.

Todo esto, como vemos, no es más que una preparación anual para entrar en la Presencia de ADONÁI en esta festividad/moéd de Sukót/Cabañas. ¿Cómo, pecadores como nosotros, podemos estar en Su Presencia? Sólo a través de estos tres pasos previos: (1) negar nuestro ego, haciéndolo morir un poco más y mejor cada día, al levantarnos a orar, y cada año en Pésaj; (2) recibir y manejarnos diariamente con el Aliento Santo de Elohím en nuestras vidas; y (3) pedir perdón por todos los pecados y faltas del período anterior, para poder así estar en la Presencia de ADONÁI, con las vestiduras espirituales más limpias, más blancas y vivir así siete días en Su Sukáh/Cabaña. Cada vez que nos sentamos a comer en Su Sukáh, estamos probando un bocado de lo que será el Gán Éden/Paraíso, junto con Él, a Su lado, por toda la eternidad. Todo el año, nosotros somos los que cargamos la Toráh a cuestas, ¡y cómo pesa (el cumplirla)! Pero en Sukót, es la Toráh la que nos carga a nosotros, ¡mostrándonos qué liviana es, cuando dejamos que sea Ieshúa quien la cargue por nosotros y quien nos ayude a cumplirla!

Así, no es en balde que Sukót es llamado en hebreo “Zmán simjatéinu”/Tiempo de nuestra alegría”. Sukót es un momento en el año de gozo y de alegría por haber sobrevivido, gracias a la misericordia de ADONÁI, que vino en carne con el nombre de “Ieshúa” (Ioj. 1:14) para que nosotros no tengamos que pagar por los pecados cometidos. Es una época/zmán de agradecimiento constante y de alegría constante, en total contraste con los días anteriores.

Históricamente, Sukót conmemora la época en que Israel vivía en tiendas de campaña, en el desierto (“Lev.” 23:43). Asimismo, nosotros ahora mismo, vivimos “en tiendas de campaña”, en “sukót” que son nuestros cuerpos. Estos nos enfrentan con nuestra fragilidad, con la volatilidad de nuestras vidas y lo etéreo de esta existencia, aunque una ciudad moderna parece exactamente lo contrario de volátil y etérea.

La Sukáh también simboliza la Presencia de ADONÁI en esta vida, con su techo hecho de ramas de palmera, mirtos y sauces, por los que se pueden ver las estrellas, un recordatorio de que ADONÁI está allí, más allá de esas estrellas que nos parecen tan lejanas, viéndonos y estando nosotros en Su Presencia y en Su compañía.

Además, la Sukáh también simboliza Su cobertura, como la nube cubría, protegía y guiaba a Su Pueblo, Israel. “Y ADONÁI iba delante de ellos, guiándolos en el camino por medio de una nube y por la noche, por medio de una columna de fuego, para alumbrarles, para que pudiesen caminar de día y de noche”. (“Ex.” 13:21) Simbólicamente, la nube es una jupáh, un dosel bajo el cual se lleva a cabo los casamientos judíos. Esto no debe sorprendernos, ya que en varios versículos en el Tanáj, se dice que ADONÁI está casado con Israel (Jer. 3:14; Ez. 16 y otros). Elohím nos guarda y nos mima, como un esposo mima a su querida esposa.

A nivel histórico y personal, Sukót representa el final de una apresurada salida de Mitzráim (nuestras trabas y defectos personales) de los israelíes y de la esclavitud al Paró, representando a ha satán y a sus ataques contra nosotros en todas las áreas de nuestra vida, cada uno según sus debilidades. El vagar por el desierto por parte de nuestro pueblo por sangre o por fe, Israel, representa nuestra vida actual, llena de vacíos y de carencias, como lo es la vida en el desierto, donde, más que nada, no hay comida ni agua, que, como veremos, es un elemento muy destacado en la festividad de Sukót. El desierto también representa la incertidumbre que nos aqueja, ya que no estamos seguros de que Elohím está a nuestro costado derecho, como siempre decimos, aunque no lo veamos. Dudamos, tememos, y por eso, seguimos en el desierto, añorando “las papas y las cebollas” de nuestro pasado sin Elohím, como los israelíes las añoraban de su Mitzráim pasado, en la esclavitud al Paró. En el desierto no hay nada, o casi nada, sólo los Cielos. ÉSA es una nuestra vida actual: no hay casi nada en nuestra vida, sólo los Cielos, pero lo que no llegamos a digerir, a entender bien, profundamente, es que con los Cielos, ¡ALCANZA Y SOBRA! ¡Sólo a Él lo necesitamos! Pero los que avanzan por el desierto no se percatan de nada de esto. Sólo ansían llegar, llegar, ¿llegar a dónde? No lo saben: sólo saben que deben LLEGAR, sin darse cuenta de que CON LOS CIELOS ALCANZA, y que YA HAN LLEGADO, ¡si sólo miraran hacia arriba, continuamente!

Durante la semana de Sukót, debemos comer y pasar un tiempo con Elohím, para recordarnos nuestros tiempos más feos, cuando no teníamos a Elohím, y enseñarnos a apreciar lo que Él nos da en este año: ya sea poco, bastante o mucho. Aunque sea poco, ese poco viene de Él, no del Paró ni del desierto. En realidad, toda nuestra vida, y todas las vidas, son un vagar por el desierto. El secreto es entender esto y entender que lo más importante que podemos hacer con este viaje que dura setenta, ochenta o noventa años, es entender qué es lo que debemos llevarnos con nosotros. ¿A nuestra esposa/o, hijos/as, familiares, nuestros bienes, nuestro judaísmo mesiánico? También debemos pensar en lo que Elohím nos ha dado, cuando antes no teníamos nada. O, para algunos es exactamente al revés: antes teníamos bienes, pero no teníamos a Elohím; y ahora no tendremos tantos bienes, pero lo tenemos a Él. Todo esto es materia de reflexión y de agradecimiento para Sukót.

Sukót es una festividad para invitar a los ushpítzin, (el título de una ahora famosa película israelí) a los huéspedes especiales, a los góim o no judíos mesiánicos que conocemos, amigos o familiares o compañeros de trabajo, para que compartan con nosotros y con nuestra sinagoga mesiánica una comida de Sukót, para presentarle al Elohím judío, el Único Elohím que hay. En Sukót, tradicionalmente, vienen huéspedes ilustres, como los tuvo Avrahám, y viene el Mashíaj, Ieshúa mismo. Así, Sukót se convierte en un degustar por adelantado los tiempos que se acercan, los de la Segunda Venida de Ieshúa en el Milenio, en muy poco tiempo más, en la Presencia de Elohím, quien está más allá de las estrellas que podemos ver en Sukót a través de las ramas de la sukáh.

A nivel bíblico, Sukót es una recreación del estar en el Arca de Nóaj, viendo cómo el mundo se inunda y comienza a morir, como ahora veremos muy pronto. Como los que estaban en el Arca de Nóaj, nosotros, los judíos mesiánicos en todo el mundo veremos cómo estamos bajo la Divina Protección de Elohím y en Su Arca, pero ya no es Nóaj quien la conduce, sino Ieshúa, quien nos guardará del diluvio de fuego que está por venir, como dijo Ieshúa mismo en Avnér/Lc. 12:49: “Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué si ya se ha encendido?”

A nivel mundial, se está cumpliendo un Sukót histórico: judíos de todo el mundo están mudándose a Israel para vivir bajo la protección de Elohím, quien se convierte así en su Sukáh, en Su protección, cuando en sus países de origen no tenían ninguna protección. Todo esto en preparación para el Gran Sukót cuando Elohím mismo “vestido de Ieshúa” venga a celebrar con nosotros Su Sukót y viviremos mil Años en Su Presencia.

Así es, hay un Novio que vendrá a buscar a Su Prometida desde una nube, los judíos mesiánicos en todo el mundo, para reinar juntos Mil Años, como anuncia Dn. 7:13: “... he aquí que, con las nubes del Cielo venía uno como un Bar Enásh/Hombre”.

En esta semana de Sukót, es nuestro privilegio el estar bajo la sukáh, que representa el estar en la Presencia del Padre y hablarle, como le hablaríamos a nuestro padre humano. El escucha cada una de nuestras palabras, cada una de nuestras quejas, pero más que nada, cada una de nuestras bendiciones por todo lo que Él nos da. En el judaísmo rabínico, hay alrededor de cien bendiciones que se dicen, de acuerdo a la ocasión, desde colocarse el talít para orar, como para comer y tomar.

No siempre tenemos buenas noticias que compartir con Él, pero Él sí siempre tiene buenas noticias que darnos. ¿Cuáles son las buenas noticias que tiene para nosotros en este año? (Hemos subrayado y puesto en rojo las palabras de Profecía de Elohím para nuestros queridos lectores):

“Yo estoy con ustedes, con cada uno de ustedes, queridos hijos míos. De nada tienen que temer. De nada tienen que preocuparse, porque el Elohím de Israel está con Su Pueblo, contra sus enemigos, contra quienes los odian, porque no soportan a quién está detrás de ustedes, al Elohím que creó el Universo. No teman, hijitos míos, sino que alaben a vuestro Elohím en estos días de Sukót; dancen y alaben Mi Santo Nombre”.

Esta es nuestra tarea en esta semana; este es nuestro placer en estos días de Sukót, como se hacía en los días del Rébe Ieshúa, hace dos mil años. Se tomaban ramas de palmera, mirtos y sauces y etróg (una especie de limón grande llamado “cidra” en castellano, del árbol de cidro (Latín: Cidra Cayote) y se meneaban las ramas hacia las cuatro direcciones: Este, Oeste, Norte y Sur, ceremonia que se conoce como “el mecer el luláv/la palmera”. Esto debemos hacerlo hoy en día dentro de la sinagoga, junto con las demás ramas y el etróg, lo que se conoce como la hakafáh (hacer la ronda) alrededor de la sinagoga (por dentro). Durante la hakafáh, el rébe mesiánico ora pidiendo a Elohím que bendiga a cada miembro de la sinagoga mesiánica y bendiciones para Israel y su tierra y sus habitantes.

A partir de la segunda noche de Sukót, se derramaba agua, ceremonia conocida como “Simját béit ha shoeváh”, tal como lo relata la Mishnáh, en el libro de Sukót 4:1 y también en Iojanán 7:37-39:

“37: Mas en el último día, el gran día de la Fiesta (de Sukót), se puso de pie y clamó, diciendo: ‘Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

38  El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su interior.

39  “Y esto dijo del Rúaj que habían de recibir los que creyesen en él; porque aún no había sido dado el Rúaj ha Kódesh, porque Ieshúa aún no había sido glorificado.”

La lluvia tiene un significado muy importante en Israel, ya que es un país con poco agua. Esta es vista como una bendición de Elohím. También es un símbolo del amor de Elohím derramándose sobre Su Pueblo. En esta festividad de Sukót, la lluvia y el agua representan este amor de Elohím para con Su Pueblo, tanto hace dos mil años como hoy en día, amor que ahora abarca a Su Pueblo por fe, los judíos mesiánicos por fe, que se han dejado injertar en el árbol judío de Romanos 11:17, que, por eso, también toman parte del festejo de Su Fiesta en estos días.

Habrá, muy pronto, un Sukót Gadól/un Gran Sukót, que es la Segunda Venida del Mashíaj, Elohím encarnado, quien extenderá Su Cabaña/sukáh sobre todos Sus seguidores. ¡Halelú Iáh!

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