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Viernes, 09 Junio 2017 18:43

PARASHÁH BE AJALOTÉIJA/CUANDO LEVANTAS

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DIFUNDIENDO EL JUDAÍSMO MESIÁNICO RENOVADO PARA TODA LATINOAMÉRICA, LOS EE.UU. Y EUROPA

PARASHÁH 36
BE AJALOTÉIJA/CUANDO LEVANTAS

16 DEL MES TERCERO (SIVÁN) DEL 5778
10 DEL MES  DE JUNIO DEL 2017

Lectura de la Toráh: Bamidbár/En el Desierto/”Núm.” 8:1-12:16
Lectura de la Haftaráh: Zajaríah 2:14-4:7

Por Julio Dam
Rébe Mesiánico Renovado

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Ba Midbár/En el Desierto/"Núm." 11:4: “¿Quién nos dará de comer carne? Nos viene a la memoria el pescado que comíamos gratis en Mitzráim/Egipto, los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y  los ajos”.

COMENTARIO DE LA PARASHÁH
EL LARGO VIAJE QUE ES NUESTRA VIDA

Esta parasháh relata el largo viaje del Pueblo Judío desde la esclavitud de Mitzráim hacia la libertad en Israel, la Tierra Prometida. Como tal, además de un viaje histórico de un pueblo determinado, es una parábola de nuestra propia vida, la vida de todo ser humano, que nace en la más profunda obscuridad, tanto espiritual como mental y carnal, atado a Mitzráim, a la esclavitud, los vicios, el materialismo, la carne y sus deseos mezquinos y pasajeros.

Este es un viaje físico que se compara con el viaje mental y espiritual que está abierto para todo ser humano. Nacemos en la noche del alma y del espíritu. Nacemos perdidos y “sin esperanza en el mundo,” (Ef. 2:12), esclavos de Nimrod y su religión politeísta e idólatra, con millones de Dioses, llena de mentiras y engaños, con el consuelo de la “carne, los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos” que tanto extrañamos, pobre de nosotros, cuando no los tenemos. Elohím nos ofrece man (de máh=¿qué?), representando la vida espiritual, la comida que viene de Arriba/mi le Málah, pero nosotros lloramos por la carne y las cebollas que echamos de menos.

Esta es nuestra pregunta toda nuestra vida: ¿qué vamos a pedir: la carne, o el man? Y también: ¿hasta cuándo vamos a extrañar la carne y el ajo?

Elohím hizo el día comenzando por la obscuridad de la noche y terminando por la aurora, que anuncia la luz y la verdad. El mundo nos brinda el día comenzando con la luz y terminando en la más completa obscuridad. La eterna pregunta es: ¿A quién le vamos a hacer caso? ¿Qué día vamos a escoger? ¿El de Elohím o el del mundo?

Para Israel, el día comenzó en la esclavitud de Mitzráim, en el trabajo arduo sin paga de los esclavos, pero con el aliciente de la carne y el ajo, la comida de los hombres en el más bajo nivel de espiritualidad. Pero Elohím no desea que Sus hijos sigan así. Él desea llevarlos a Israel, a la Tierra Prometida. Desea alimentarlos de Su Mano, con man del Cielo, pero para eso debemos entenderlo a Él y a Su comida y para entender todo eso debemos pasar por el desierto, por la necesidad, por la nada, por la soledad y la angustia, por el hambre y el vacío de Sinái, que hace más grave nuestra soledad y nuestra angustia, porque nos sentimos abandonados, pobres y solos.

Lo que no podemos entender todavía es que Elohím nos está llevando de la mano, para probarnos, para ver de qué material estamos hechos. Este desierto es nuestra vida actual. Si usted se siente solo, pobre, angustiado y abandonado de la mano de Elohím, regocíjese, porque está caminando hacia Israel, hacia la Tierra prometida. Sólo tiene que abrir los ojos y reconocer el paisaje, y verá que falta poco para llegar, si sólo tuviese un poco más de bitajón/confianza en Él.

El largo viaje de la noche hacia el día es también el largo viaje de conversión, de ser un gói, un gentil, un idólatra, perdido de antemano, hacia la salvación de llegar a ser un judío por fe, un “adorador de ADONÁI,” (el significado de la palabra iehudí=judío).

Elohím nos ofrece dos viajes en realidad: el primero es éste: de Mitzráim a Knaán/”Canaán” con escalas en el desierto, que es nuestra vida. Pero también tiene otro viaje, que el Pueblo Judío tuvo la oportunidad de hacer en el siglo I: de judío carnal a judío espiritual, por aceptar a Ieshúa ha Mashíaj. Esta es la lucha, una vez que se está en Knaán, para convertirla en Israel. Es una lucha sin cuartel, sin tomar prisioneros, a muerte, contra la carne, contra el pecado, contra los siete pueblos que habitaban Knaán, y los que habitan nuestro territorio interior. El que tiene la victoria se convierte en judío espiritual y vive en la “Tierra de leche y miel”. El que no, lo pierde todo.

El viaje de Mitzráim a Knaán no sólo es físico y espiritual, también es mental. Hay un mundo de distancia entre adorar a los “Dioses” en Mitzráim y adorar al Único Elohím verdadero. Pero además del aspecto espiritual, está el universo de la mente, en que vivimos diariamente. El habitante de Mizráim sueña con la carne y las cebollas. El habitante de Israel sueña con el man de la Mano de Elohím y desea todos los días Su porción. El man significa, en el aspecto mental, otro mundo. Es el mundo de lo espiritual, de las cosas que no se ven, de las cosas eternas, ésas que nadie quiere, porque ni sabe que existen, ni le interesan. El que todavía habita en Mitzráim piensa en carne todo el día. El que vive en Knaán piensa en man y en Elohím, porque su mente ha sido lavada con jabón, y frotada con cepillo espiritual, para sacarle la suciedad.

Nosotros, los judíos mesiánicos en todo el mundo, debemos vivir ya en Israel, vencidas las siete tribus enemigas, con Knaán dejado atrás hace años, cuando aceptamos a Ieshúa. ¿Dónde vive usted? ¿Está usted todavía luchando contra las siete tribus, o ya vive en Israel en su mente?

El que vive en Mitzráim tiene metas y ambiciones totalmente diferentes al que vive en Knaán o, mejor que mejor, en Israel. El que vive en Mitzráim piensa en ambiciones carnales. El que vive en Israel piensa en la vida eterna, que está a su alcance.

El viaje a través del desierto es el viaje de nuestra vida actual. Un viaje del que vemos obscuramente la meta, el conocer a Elohím, pero en el que nos tropezamos continuamente con las piedras del desierto que es la vida. Para colmo, extrañamos la carne y las cebollas—continuamente. Esta es la paradoja de nuestro caminar por el desierto. El pasado está allí, bien claro, Mitzráim; el futuro es igualmente claro, brillante, Israel; el problema “sólo” radica en la noche del desierto: lleno de hienas que aúllan a la distancia y alacranes que salen de debajo de la arena para tratar de picarnos y víboras que hablan mal de nosotros para hacernos caer como hablaba la serpiente en el Gan Éden.

Pero pensemos en el Pueblo Judío: se enfrentó contra todo esto, y sin embargo llegó a destino. Pasó por todas las dificultades habidas y por haber, y sin embargo, llegó a puerto, como Elohím lo tenía predestinado.

Usted también llegará a buen puerto, porque usted también está predestinado a llegar. Esto nos lleva a preguntarnos una cuestión vital: ¿Hay maneras de acelerar, de mejorar nuestro viaje por el desierto?

CÓMO ACELERAR NUESTRO CAMINAR

 Nuestro caminar por el desierto puede efectivizarse, hacerse más fácil de lo que normalmente es y fue para el Pueblo Judío. Este aceleramiento consta de varios factores.

SUMISIÓN

El primer factor es nuestra sumisión ante Su voluntad. Debemos ACEPTAR que Elohím nos ha colocado en el desierto y que debemos llegar a Knaán lo mejor y más rápido posible. En esa aceptación hay sanidad y ósher/gozo potencial, porque nos brinda shalóm mental y hasta espiritual, el saber que estamos haciendo Su voluntad al aceptar todo lo que nos sucede. La sumisión a Su voluntad es un poderoso acelerador, que hace posible que marchemos a cien kilómetros por hora, en vez de a cinco kilómetros por hora, es decir, a pie. Esta sumisión comienza por aceptar TODO lo que nos sucede en el día.

El aceptar y el pedir jajmáh/sabiduría para entender por qué nos sucede lo que nos sucede traerá victoria a nuestro cruce del desierto que es nuestra vida. Mas, si pedimos jajmáh pero no tenemos ni sumisión ni aceptación, tampoco recibiremos la jajmáhque estamos solicitando, porque ya estamos actuando tontamente al no someternos, por lo que mal podríamos llegar a tener jajmáh en algún momento.

LA PROFECÍA

Otra manera de acelerar nuestro caminar por el desierto es la profecía. Como dice en 1ª Cor. 14:1: “Sería mejor que todos tuvieran profecía...” ya que el escuchar la Voz de ADONÁI es lo mejor que podría pasarnos. La comunicación a dos canales con ADONÁI es la fuente de toda revelación y de toda Verdad, y por lo tanto, el comienzo y el fin de nuestro vagar por el desierto. El que está acompañado de Su voz, no tiene lo qué temer, porque Él nos explica todo lo que queremos saber, todo lo que tememos, todo lo que nos preocupa. Él es un Padre amoroso que acaricia a Sus hijos con Su voz. ¡Ah, quien puede escuchar Su voz, no andaría más vagando por el desierto, sino por una carretera pavimentada!         

AHAVÁH, COMPRENSIÓN Y CONOCIMIENTO

Una tercera manera de acelerar nuestro caminar por el desierto es pedir en oración y recibir lo que dice en Fil. 1:9: “Y esto pido en oración: que el amor (ahaváh) de ustedes abunde aún más en comprensión y en todo conocimiento”. Nuestro caminar, es decir, nuestro comportarnos, debe ser, en primer lugar, hecho con amor ahaváh, primero hacia Elohím, y por derivación de éste, hacia todo ser humano que Elohím nos pone en el camino, comenzando por los miembros de nuestra familia y los hermanos de nuestra sinagoga mesiánica. No mirando lo que ellos nos pueden dar, sino dando nosotros, lo que la otra persona necesite.

Además de esto, como dice Filipenses, que esta ahaváh esté acompañada de comprensión y de conocimiento: de la Voluntad de Elohím en cada caso específico de ahaváh que ejercemos, así como de una comprensión espiritual y emocional del estado y de las necesidades de la persona a la que estamos ayudando u orando por, aparte de entender y comprender por qué Elohím nos ordenó ayudar a esta persona específica, y no a otra, ya que siempre hay una o varias razones específicas. Hecho así, vamos a ayudar con un motivo específico en mente y con una comprensión y conocimiento detallado casi, de la otra persona, y del porqué Elohím nos ha puesto en su camino.

TENER LA LUZ DEL MUNDO ACTUANDO EN NOSOTROS

Una cuarta manera de acelerar nuestro caminar en el desierto que es nuestra vida, es tener “la Luz del mundo” (Iojanán 8:12), a Ieshúa, dentro de nosotros, y hablándonos, o por lo menos, guiándonos de alguna manera. Una de las razones por las cuales Elohím tomó forma humana para después morir por nosotros, es, precisamente, para poder ayudarnos a hacer Su voluntad diariamente, minuto a minuto. Claro que los que creemos en Ieshúa, lo tenemos viviendo en nuestro rúaj. El problema es que casi nunca le pedimos consejo, ni pedimos a Elohím que sea Ieshúa quien nos guíe desde adentro nuestro a hacer Su Voluntad en todo. Creemos con nuestra mente, pero no con nuestra conducta, que es lo valioso a los ojos de Elohím: “porque (hasta) los demonios creen, y tiemblan” dijo Iaakóv. ¿De qué les sirve creer que Ieshúa es el Mashíaj si igual se van a ir al infierno eterno?

NO NEGAR A IESHÚA

Una quinta y última manera de acelerar nuestro caminar por el desierto y llegar a la Tierra Prometida es prepararnos mental y espiritualmente a no negar a nuestro Mashíaj y Elohím, Ieshúa ha Mashíaj nunca, como lo hizo en un momento de debilidad Keifá (Lc. 22:57-58). Todos nosotros tenemos momentos de debilidad, pero si nos preparamos y reafirmamos nuestra fe y nuestra creencia en Ieshúa, especialmente para los tiempos difíciles que se acercan, vamos a estar preparados para salir finalmente del desierto de forma victoriosa y no tener que llorar, como lo hizo Keifá. Tenemos que orar diariamente para que Elohím refuerce nuestra confianza en Ieshúa y no negarlo, no importa la presión ejercida sobre nosotros,  ya que nosotros, como judíos mesiánicos renovados, no hemos salido de la religión de Ieshúa, la judía, sino que, al contrario, la hemos reforzado, y estamos edificando nuestra fe en la base firme de la Toráh, dejada por Elohím para Su Esposa, Israel.

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Julio Dam

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