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Viernes, 26 Mayo 2017 15:26

PARASHÁH BAMIDBAR/EN EL DESIERTO

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DIFUNDIENDO EL JUDAÍSMO MESIÁNICO RENOVADO PARA TODA LATINOAMÉRICA, LOS EE.UU. Y EUROPA

PARASHÁH 34
BAMIDBAR/EN EL DESIERTO

2 del mes Sivan del año 5778
27 de Mayo del 2017

Lectura de la Toráh: Bamidbár/En el desierto/"Núm"1:1-4:20
Lectura de la Haftaráh: Hoshíah 2:1-22

Por Julio Dam
Rébe Mesiánico Renovado

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COMENTARIO DE LA PARASHÁH
EL VERDADERO PROPÓSITO DE  LAS MITZVÓT/MANDAMIENTOS  DE ELOHÍM

En esta porción/parasháh de la Toráh, Elohím nos habla del censo de los Bnéi Israel/Hijos de Israel. Uno de los más importantes propósitos del censo, para Elohím, es preparar a Su Pueblo para servirlo. Este servir a Elohím es establecer una relación eterna con el Creador que sólo trae bendiciones--si uno lo obedece. Además, Elohím menciona dos destinos para Israel: o se levantan para la grandeza histórica a que estaban destinados o para ser destruidos.  O van a tener éxito en conquistar Israel o, si fallan en seguir a Elohím, si desobedecen, van a ser derrotados al intentarlo. Porque, como sabemos, el Pueblo de Israel mostró no estar preparado para obedecerlo y fue desechada esa generación, excepto un remanente, la invitación de Elohím probó después ser un presagio de lo que vendría. Con la promesa de grandeza que vendría después, al remanente que sí obedeció a Elohím, también vienen las responsabilidades. Cuanto más grandeza, más responsabilidades. Entonces, una pregunta surge: ¿para qué son los Mandamientos/Mitzvót? ¿Para qué las instituyó Elohím? y ¿Qué podemos aprender de la respuesta?

 

 

LA META DE LAS MITZVÓT

En el plano más superficial/pashút, las mitzvót/mandamientos son para beneficiar a nuestros compañeros/reá (“prójimo”). No está mal la idea y cualquiera puede ver que es muy bueno si podemos beneficiar a alguien haciendo algo para Elohím, cumpliendo Sus Ordenes.

Sin embargo, aunque esto sí es uno de los objetivos de las mitzvót, y de paso, mejorar el mundo en que vivimos, el objetivo final no es éste. Existe otro objetivo intermedio, que es la recompensa en el Mundo Venidero/Olám ha Bá, algo que tampoco está nada mal. ¿Quién va a objetar ser recompensados en el Olám ha Ba por lo que hacemos ahora por los demás? No creo que haya NADIE que tenga objeción alguna. Toda cosa buena que hagamos por los demás no es sólo con el objeto de beneficiarlos directamente, (aunque el beneficio está allí y es bueno), sino que, en el fondo, es para dejarles libres (a la persona que beneficiamos) y a nosotros, para comunicarnos con Elohím y permanecer en esta comunicación por toda la eternidad. De hecho, creemos que todos los Mandamientos/Mitzvót de Elohím tienen como meta que el hombre ame a Elohím, no sólo que el hombre ame al hombre. Los que tenemos “suerte” estamos aquí setenta u ochenta años. En el judaísmo se acostumbra a decir: “¡Bis a húnderd und tzwántzig!/¡Hasta los ciento veinte (años)!”. Pero mirando para atrás, para los que ya hemos gastado gran parte de ese capital de tiempo, nuestra vida no tiene sentido alguno, teniendo en cuenta que es la única que tendremos.

Cualquier meta que sea realmente buena, es eterna. Cualquier bien que no sea eterno, no es realmente bueno, sólo por un corto tiempo es bueno.

¿Cómo saber si algo es bueno? La vara para medirlo es si le va a dar vida eterna. Cuando un judío mesiánico se toma de los Mandamientos para cumplirlos, se está asiendo del Olám ha Ba, porque eso es lo que tendrá como resultado final, si persiste en cumplirlos.

Pero si un hombre no se agarra de los Mandamientos y vive una vida carnal, tomado de sus deseos y sus fantasías, vive una corta vida y muere para siempre, como cualquier otro animal.

Las Mitzvót nos perfeccionan en este mundo/Olám ha Zé y nos preparan para el Mundo Venidero/Olám ha Bá. Algunos Mandamientos mejoran nuestras relaciones interpersonales, pero todos los Mandamientos mejoran nuestra relación con Elohím aquí, en este mundo y en el venidero. De allí la suprema importancia de (1) estudiarlos y (2) comenzarlos a hacerlos, de a poco, en una espiral ascendiente en calidad, desde lo más pobre hasta lo mejor que podemos hacerlo en unos años a partir de ahora.

Ahora, es cierto, aprovechamos el tener mejores relaciones con nuestros familiares y compañeros, pero en el fondo, la meta es tener una mucho mejor relación con Elohím a través de nuestra obediencia a Sus Mandamientos.

No nos olvidemos cómo comenzó la historia: con Adám y Javáh y UN SOLO MANDAMIENTO: “NO comerás del árbol del conocimiento del bien y del mal/étz ha dáat ha tov varáh.” Y ése solo mandamiento no pudieron cumplir. Y fueron echados por no cumplir UN solo mandamiento. ¡Ahora, tenemos 613 para cumplir! La Obediencia a Elohím es MUCHO más importante y clave de lo que podemos imaginar. Este ejemplo de Adám nos tendría que dar que pensar.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS Y CÓMO NOS ACERCAN A ELOHÍM

1. Yo soy IHVH, Tu Elohím, Quien te sacó de la tierra de Egipto/Mitzráim (“trabas”), de la casa de esclavitud.

2. No tendrás otros Dioses ante Mí. No te hagas escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en los Cielos ni abajo en la tierra, ni de lo que está en el agua. No te Prosternes delante de ellas ni las adores, pues Yo soy IHVH, Tu Elohím, celoso, que castiga la maldad de los padres a los hijos hasta la tercera y cuarta generación.

3. No jures en el Nombre de IHVH, Tu Elohím en vano, pues IHVH no absuelve a quien toma Su Nombre en vano.

4. Ten presente el día Shabát para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todo tu trabajo, pero el día séptimo es shabát, consagrado a IHVH, Tu Elohím; no hagas ninguna tarea, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu sirviente, ni tu sirvienta, ni tu animal, ni el extranjero que está dentro de tus portones.

5. Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que IHVH tu Elohím te da.

6. No asesinarás.

7. No cometerás adulterio.

8. No robarás.

9. No hablarás falso testimonio contra tu compañero.

10. No codiciarás la casa de tu compañero; no codiciarás la esposa de tu compañero, ni su criado, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu compañero”.

Los Diez Mandamientos abarcan todas las áreas de nuestra vida, ya que los primeros cuatro son para con Elohím; el quinto es para la familia (aunque nuestros padres representan a Elohím, como nuestra autoridad en la tierra); y cuatro últimos son con relación a las personas con quienes convivimos, ya sea que compartamos o no.

Son los límites que Elohím nos coloca para tener Su bendición/brajáh. Debemos examinarnos atentamente, para ver dónde estamos bien y en qué áreas necesitamos modificar nuestra conducta diaria.

Los Diez Mandamientos son el regalo más preciado y preciso que Elohím nos dejó, ya que es el camino recto que nos dirige hacia Él y hacia las personas a nuestro alrededor.

La meta más importante del hombre judío por sangre y/o por fe, es poner todo nuestro esfuerzo y perseverancia en cumplir Sus Mandamientos, de modo que podamos, cada día, tener los cambios que nos brindan nuevas lecciones, nuevos caminos, nuevas formas de pensar y nuevos patrones de vida; y a través de eso, tener cada día un reencuentro con Elohím, una teshuváh, un volver más y más cerca a Elohím, ya que, cuando cumplimos lo que El nos pide, comenzamos a experimentar libertad a todo lo que estamos atados y que está impidiendo que Su voluntad se cumpla en nuestras vidas.

La condición para cumplir Sus Mandamientos que Elohím nos ordena, necesitamos un corazón humilde y sumiso, de modo que El pueda ayudarnos a incrementar en nuestras vidas, ésos mandamientos, ya que por nuestra cuenta, eso será muy difícil.

Los Mandamientos son la segunda receta para la salud espiritual, después de la primera, que fue la orden de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, a Adám.

Cada vez que cumplimos un mandamiento/mitzváh, estamos restaurando parte de nuestra vida, ya que estamos dejando atrás lo opuesto a lo que Elohím nos pide.

Y esto hace que, cada día estemos más cerca de El y con una relación más profunda y significativa.

En el primer mandamiento de todos, vemos Quién es realmente Elohím: el Elohím de Israel, EL UNICO ELOHÍM QUE EXISTE; amoroso, misericordioso, lleno de bendiciones para aquellos que le obedecen (para su propio bien). Con Él debemos establecer una relación y con nadie más.

En el segundo mandamiento, nos ordena del “nadie más”: no debemos tener ningún otro “Dios” que no sea el Elohím del Pueblo Judío. Podemos tener otro—pero no debemos; allí entra la obediencia de nuevo. Ninguna estatua ni ninguna imagen de ninguno de los millones de Dioses que existen en el planeta deben estar en nuestra casa. Hasta los tataranietos de aquellos que hacen esto, van a sufrir las consecuencias. También hasta nuestros tataranietos van a tener la bendición de conocer y adorar al Unico Elohím que existe.

El tercer mandamiento, que habla de no jurar en falso, mintiendo, nos infunde el debido respeto por Elohím, que no teníamos. Después de leerlo y entenderlo, sabemos que Elohím es algo demasiado preciosos para USARLO en decir nuestras mentiras. Esta mitzváh le otorga a Elohím el valor que siempre debió tener: ¡el máximo!

El cuarto mandamiento es uno de los más útiles, ya que nos OBLIGA a no trabajar en shabát (que va desde el viernes a la caída del sol hasta el sábado hasta la caída del sol) y por lo tanto, nos abre una ventana de vacío que DEBE ser llenada con Su Voluntad. Una cosa que muchos no logran captar es que el shabát NO NOS PERTENECE. No es un día más, que podemos hacer lo que quiéramos. Es un día de Elohím, de Su Propiedad. El nos tiene que decir a cada uno de nosotros qué hacer en este día y debemos de preguntárselo.

Este proceso de 1. Entender que no es nuestro el shabát y que 2. Debemos de preguntarle a Elohím qué hacer, nos abre la puerta a 3. El entender y aceptar que debemos hacer Su voluntad en ése día. Esto, a su vez, nos une con El, ya que estamos sólo yo y El en shabát, y nadie ni nada más que se interponga en nuestro camino. Elohím hizo el shabát específicamente para este propósito: para que nos veamos OBLIGADOS a dejar de hacer lo que usualmente hacemos, nuestro trabajo o nuestras obligaciones y le dediquemos ese día a estar en Su compañía. Muchos judíos mesiánicos por Internet me preguntan cómo deben pasar el shabát. Justamente, esto es lo que deben entender: que el shabát no nos pertenece; que debemos PREGUNTARLE A ELOHÍM qué hacer en el shabát, en cada shabát.

Una de las primeras veces que le pregunté, hace unos veinte años atrás, me dijo que llamara por teléfono a una amiga que teníamos con mi esposa, cuando todavía no teníamos la sinagoga mesiánica y éramos cristianos. Hice eso y me atiende el esposo, diciéndome que su esposa (mi amiga) estaba internada en tal sanatorio. Voy a verla y allí está su papá, que había venido de otro país a verla al sanatorio. Hablando con el padre, le hablé de Ieshúa y saliendo a mi automóvil, allí él acepta a Ieshúa y nunca más lo vi de nuevo. Muchos años después, me enteré que había fallecido sólo unos meses después de que aceptó a Ieshúa en mi automóvil, sólo porque yo quise hacer ése shabát Su voluntad. ¡Ahora entiendo que, por (1) cumplir un Mandamiento y (2)  preguntarle, y (3) hacerlo, un alma está ahora disfrutando en el Cielo para toda la eternidad! Debemos percibir al shabát como una invitación al Palacio Real de Elohím, a estar en Su Presencia. ¿Le gustaría a usted que lo inviten a un Palacio Real? ¡Está usted invitado, todos los shabatót!

El quinto mandamiento “Honra a tu padre y a tu madre” significa, entre otras cosas, no faltarle el respeto, no gritarle, no considerarlos como iguales a nosotros o “anticuados”. ¿Por qué este mandamiento? Porque nuestros padres representan a Elohím en la tierra, a nuestras autoridades, a quienes debemos respeto, como se lo debemos a Elohím. De nuevo, lo que decíamos al principio de esta parasháh: que cada mandamiento/mitzváh, en realidad, es un método de Elohím para lograr Su unidad con cada uno de nosotros. Nuestro éxito con nuestros padres, llega a ser nuestro éxito con nuestra relación con Elohím. En otras palabras, aquellos que logramos “honrar a nuestros padres”, en el fondo, estamos honrando a Elohím, que es, precisamente, el propósito del quinto mandamiento. Vemos así como cada mandamiento toca un área diferente de nuestra relación con Elohím, como una orquesta toca con instrumentos diferentes, pero la misma melodía y con armonía.

El sexto mandamiento, “No asesinarás” (si lo traducimos bien del hebreo), no sólo se refiere al asesinato físico, sino al asesinato moral y mental, así como lo es el noveno. Cuando hablamos mal de alguien, lo que en el judaísmo se conoce como “Lashón ha ráh”, es una forma de asesinato verbal que tiene sus consecuencias psíquicas y mentales, especialmente para la persona “asesinada” verbalmente, aunque también para nosotros, que somos los que hablamos mal, ya que espiritualmente nos atamos a la otra persona, con cadenas espirituales que ni sabíamos que existen.

El séptimo mandamiento es similar al sexto, como bien lo dijo Ieshúa, que no es necesario en realidad serle infiel a nuestro cónyuge, sino que el sólo desear, ya es adulterio (mental y volitivo). Este mandamiento también tiene que ver con Elohím, porque el adulterio es una forma baja de idolatría: en vez de desear estar con el Unico Elohím, los idólatras desean y están con formas inferiores de deidades.

El octavo mandamiento, “No robarás”, en relación con Elohím nos recuerda la respuesta del Rébbe Ieshúa a los líderes religiosos de Su época: “Den al César lo que es del César y a Elohím lo que es de Elohím”; en otras palabras: no le roben a Elohím lo que le corresponde, ya sea el tiempo, el honor o el respeto que Elohím se merece.

Y por último, el décimo mandamiento (ya que el noveno ya fue comentado antes), “No codiciarás”, nos habla de nuevo de una armonía como el de una orquesta, donde el trombonista no desea ser el pianista, ni el pianista sueña con ser el baterista, ya que cada uno tiene su lugar en la orquesta de Elohím. La codicia es, en el fondo, una falta total de Perspectiva de Elohím. Elohím ya nos asignó un lugar en Su Orquesta; lo único que nos toca hacer es aprender a tocar nuestra melodía lo mejor posible, PARA ELOHÍM, no para el público humano.

Que Elohím les dé una semana llena de shalóm y de entusiasmo, le desea Julio Dam, familia y sinagoga mesiánica.

Visto 260 veces Modificado por última vez en Viernes, 26 Mayo 2017 15:30
Julio Dam

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