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Viernes, 17 Febrero 2017 15:11

PARASHÁH ITRÓ

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DIFUNDIENDO EL JUDAÍSMO MESIÁNICO RENOVADO PARA TODA LATINOAMÉRICA, LOS EE.UU. Y EUROPA

PARASHÁH 17
ITRÓ

22  DEL MES UNDÉCIMO (SHEVÁT) DEL 5777
18 DEL MES  DE  FEBRERO DEL 2017

Lectura de la Toráh: Shemót/Nombres/”Ex.” 18:1-20:23
Lectura de la Haftaráh: Ieshaiáhu 6:1-7:6

Por Julio Dam
Rébe Mesiánico Renovado

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Shemót/Nombres/”Ex.” 20:1-5: “Y dijo Elohím todas estas palabras para decir: ’Yo soy ADONÁI tu Elohím, quien te sacó de la tierra de Mitzráim/Egipto, de la casa de esclavitud. No tendrás dioses de otros delante de Mí. No te hagas para ti escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en el Cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que está en el agua, bajo la superficie de la tierra; no te prosternes ante ellas ni las adores, pues Yo soy ADONÁI tu Elohím, Elohím celoso, que castiga la maldad de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación entre los que me aborrecen.’ 

COMENTARIO DE LA PARASHÁH
LA TORÁH: UN MANUAL DE COMPORTAMIENTO PARA NUESTRA BENDICIÓN

En esta porción de la Toráh/parasháh, ADONÁI Elohím les dio a Sus hijos, y a nosotros, una ketuváh, un contrato de casamiento judío, donde se escriben las cláusulas que cada uno de los cónyuges deben cumplir para poder seguir unidos en matrimonio. A esta ketuváh la conocemos mejor como La Toráh. En el judaísmo la Toráh está identificada con el “árbol de la vida/étz ha jaím” de Be Reshít/En el Principio/”Gn.” 3:24, lo cual es totalmente correcto, ya que el fin de la Toráh es hacernos volver a estar en Su Presencia Eterna, como lo estaban Adam y Javáh antes de su caída y expulsión del Paraíso/Gan Éden. Se puede decir que cada letra de la Toráh original es una hoja y un pedazo de rama del árbol de la vida, ya que nos trae vida eterna a aquellos que comemos de ella.

En el judaísmo se le da a la Toráh propiedades de vida eterna, ya que el cumplirla a cabalidad nos trae libertad/jerút de ha satán. ¿Por qué decimos esto? Porque el pecado está definido en el Pacto Renovado como “la transgresión de la Toráh” (1ª Iojanán 3:4), si está bien traducido. Tan importante es el concepto de Toráh en el judaísmo rabínico, que han dividido la historia humana en tres partes: dos mil años sin Toráh (desde Adam hasta Moshéh), dos mil años con Toráh y dos mil años con el Mashíaj, lo cual está cien por ciento correcto, con la excepción de que el Mashíaj es Ieshúa y que los dos mil años están por terminar muy pronto, después de lo cual viene el Milenio con el Mashíaj Ieshúa reinando desde Irushaláim con todos los judíos mesiánicos de todo el mundo, que hayan pasado las pruebas, tanto internas como externas (de la Gran Aflicción).

Es como si nuestro futuro Esposo nos dijera: “Esto, querida, es lo que espero de ti”, y nos presenta con una lista de diez condiciones mínimas.

Si estudiáramos con sabiduría de Elohím/jajmáh cada mandamiento/mitzváh y tratáramos por todos los medios a nuestro alcance (y veremos más abajo maneras de lograr esto), nuestra vida, nuestra conducta y nuestra personalidad reflejaría la vida, la personalidad y la conducta de Elohím, ya que Él está implícito y reflejado en estas mitzvót. Estas mitzvót reflejarían Su carácter y Su Santidad/kedusháh en nuestras vidas y las harían brillar con Su resplandor.

Si realmente cumpliésemos estos mandamientos, todo estaría bien/be séder en nuestras vidas, y caminaríamos en shalóm/paz y en paz interior/shalváh. Primero, porque estaríamos obedeciendo estrictamente a Elohím. Segundo, porque tendríamos sobre nosotros Su bendición/brajáh sobre nuestras vidas y la de nuestra familia, por obedecer Su voluntad.

Ahora que tenemos la bendita brajáh de tenerlo a ADONÁI como Ieshúa dentro nuestro, se hace mucho más fácil seguirlo, oírlo y obedecerlo, que cuando Él estaba en el Cielo, aparentemente lejos de nosotros.

Cuando se nos presenta un problema, ¿qué sería lo más importante para solucionarlo? El saber hacer una sabia elección. Es decir, el tener la suficiente sabiduría/jajmáh de Elohím en nuestras vidas para entender y saber cuál es la elección que viene de Él y así seleccionar a través de Su elección y no de la nuestra.

La Toráh tiene todas las respuestas que necesitamos para nuestras vidas. Pero la Toráh no hará ninguna elección por nosotros. Ella nos muestra el camino, la elección y el caminar dado por la Toráh es nuestra total responsabilidad.

Tenemos retos en nuestras vidas, cada día: el tener que elegir, a veces rápidamente, entre la falsedad y la verdad; entre el mal y el bien; entre lo impuro y lo puro; entre lo profano y lo santo; entre lo físico y lo espiritual; entre el cuerpo y el alma; entre la desunión y la unidad; entre la tristeza y la felicidad; entre la oscuridad y la luz; entre el negativismos y el positivismo; entre la inclinación al mal (iétzer ha ráh) y la inclinación al bien (iétzer ha tov); entre la enfermedad y la salud; entre preocuparnos sólo por nosotros (egoísmo), y el preocuparnos por los demás (altruismo.)

Veamos el último ejemplo, que tiene que ver con Vaikráh/”Lev.” 19:18 y Ro. 12:17-21: 1. No te vengarás; 2. No guardarás rencor contra los hijos de tu Pueblo (Judío). 3. Sino que amarás a tu compañero como a ti mismo. El famoso rabino Hilél dictó estas palabras en otros términos: “No hagas a tu compañero lo que no quieres que te hagan a ti”. Para llegar al primer paso debemos pasar por los dos primeros: No vengarnos; no guardar rencor.

Lo que Elohím nos pide en la práctica, es que tengamos: Actos de amor, actos de aceptación y de perdón hacia la otra persona, que es lo que nos va a ayudar a tener un constante crecimiento interior. En este mandamiento, tenemos obligaciones y restricciones específicas. Cada vez que tenemos un encontronazo con alguna persona, tenemos la oportunidad de cumplir o violar los Mandamientos. En el judaísmo, y esto es algo con lo cual estamos muy de acuerdo, nuestra vida y la Toráh es una enseñanza para ello, es una elección constante entre el egoísmo y el altruismo, entre pensar en nosotros exclusivamente, y el pensar en la otra persona, aunque no la conozcamos siquiera.

Cumplimos este mandamiento cuando visitamos a un enfermo, consolamos a alguien que perdió a un ser querido; ofrecemos ayuda y asistencia en la necesidad; cuando hacemos préstamos de dinero o de cualquier otro artículo; cuando oramos para que le vaya bien a los otros; perdonamos a quienes nos lastimaron; enseñamos a otros la Toráh; recibimos a quienes nos visitan amigablemente; corregimos a alguien cuando vemos que algo no está bien.

Estamos obligados a: proteger a otros de injurias; compartir sentimientos de tristeza y sufrimiento con otros; sentirnos felices si a otros les va bien; avisar a otros acerca de una pérdida o daño; dar consejos (si nos lo piden) que ayuden a mantener buenas relaciones con los parientes que están cerca o lejos; devolver las cosas que hemos prestado: libros, dinero, mercaderías, etcétera.

Estos mandamientos prohíben regocijarse con los que les va mal; prohibido maldecir a los demás; causar dolor con nuestros actos o palabras a otros.

El cumplir los Mandamientos nos brindan sanación a nuestra vida y el mandamiento de amar al otro como a ti mismo traerá sanación a tu corazón, emociones, pensamientos, actitudes y fortalezas que quizás hace tiempo que están allí y no salen, porque no hemos perdonado al otro. Aquel que da es más bendecido que el que recibe. Debemos dar una buena palabra, una bendición, ayuda, oración, amistad, amor ahaváh, gozo, apoyo a los demás como si todo eso que damos volviera a nosotros. Muchos estamos enfermos porque no sabemos manejar nuestra boca, nuestros sentimientos y actitudes.

¿CÓMO CUMPLIR LOS MANDAMIENTOS?

Primero, tenemos que tomar un COMPROMISO. Somos hoy lo que hace cinco, diez, veinte o treinta años decidimos ser. La clave está en la clase de COMPROMISOS que tomemos respecto a la Toráh. ¿Queremos obedecer a Elohím? ¿Estamos dispuestos a pagar el precio? ¿O sólo “deseamos” obedecerle, pero tenemos una cantidad de excusas (“no puedo”, “no tengo tiempo”, “tengo que ganarme la vida”, “tengo una familia,” o cualquier otra excusa)?

Elohím está listo para ayudarnos, pero Él está esperando que NOSOTROS tomemos una serie de compromisos. El destino de usted  se forja y se hace cada vez que usted toma una decisión. Tener un deseo no es suficiente; tener un sueño tampoco alcanza. Sólo un COMPROMISO firme con Elohím y con usted mismo, es lo que Elohím está esperando que usted tome para ayudarlo a cumplir su destino, el que Elohím tiene para usted y que es único. USTED es el único que puede forjar su destino. Elohím no lo va a empujar a hacerlo, pero sí está dispuesto a ayudarlo en gran forma, pero la decisión debe ser tomada por usted, no por Él ni por mí, ni por nadie a su alrededor.

Una de las reglas más efectivas para tomar un compromiso es TOMAR COMPROMISOS CON FRECUENCIA. Acostúmbrese a comprometerse con Elohím. Cada compromiso, cada decisión siguiente le será cada vez más fácil. Si tiene tropiezos, allí estará Él para ayudarlo, para consolarlo, para sacarlo del atolladero. 

APRENDA de los tropiezos. Elohím nos envía o permite que tengamos tropiezos para que lo busquemos a Él y nos elevemos de nivel, tanto espiritual como mentalmente. Pregúntese: “¿Qué puedo aprender de esto?” La guerra espiritual no es más que un último recurso ante los tropiezos aparentemente “ilógicos”; sin embargo, gracias a ella, crecemos y somos capaces, al final de la carrera, de vencer obstáculos invencibles para nosotros hace cinco o diez años atrás. La sanidad del alma es otro recurso y que al final, es una enorme ayuda para nosotros y para los que nos rodean.

Nuestra actitud debe ser de espera ante nuestros próximos compromisos. Nunca sabemos qué tiene Elohím en Su “lista de espera” para nosotros. En vez de vivir en temor o en angustia, debemos orar más, alabar más y ESPERAR sólo de Elohím, quien tiene mucho por darnos todavía y mucho que enseñarnos, si comenzamos a obedecerlo en todo lo que nos pide Su Toráh.

Debemos pedir sabiduría a Elohím para tomar decisiones sabias. No confiar en nuestro propio criterio, que muchas veces, no es nuestra mejor cualidad. Dejar que Elohím tome las decisiones por nosotros es la “mejor apuesta”. Entender que las decisiones que tomemos hoy, este año, van a moldear nuestro destino futuro.

Le voy a hacer una pregunta: ¿Cuándo se va a DECIDIR a cumplir el “Y amarás a ADONÁI tu Elohím con toda tu alma, con todo tu corazón y con todo “tu mucho” (como dice en hebreo en Dvarím 6:5)? No le estoy preguntando si cree en esa frase, ni si la recuerda, sino: ¿Cuándo se va a COMPROMETER a comenzar a aumentar su amor por Él? ESA es una decisión que puede cambiar su vida—de hecho VA A CAMBIAR su vida cuando se COMPROMETA a tratar de cumplirla. ¿Por qué no HOY? ¿Por qué no AHORA MISMO?

Segundo, revise sus CREENCIAS. Nuestras creencias no provienen de nuestro pasado, ni de lo que nos sucedió, sino de cómo INTERPRETAMOS nuestro pasado y lo que nos sucedió y lo que va a hacer que interpretemos lo que nos vaya a suceder en el futuro.

¿Qué es una creencia? Es, primero que nada una idea sobre algo o Alguien, una certeza acerca de algo. Esta idea o certeza está respaldada por EXPERIENCIAS. Si usted cree que es un buen deportista, puede que tenga razón, y la “razón” debería encontrarse en la experiencia de que usted, por ejemplo, siempre ganó o jugó bien en tal o cual deporte. Allí usted ya tiene una creencia correcta. Si, en cambio, usted cree que es un buen deportista, y ni siquiera sabe cómo jugar, sólo tiene una idea equivocada de usted mismo, una creencia equivocada.

Sin embargo, nuestras creencias pueden impulsarnos a lograr cosas que no podríamos lograr si no las tuviéramos. Si usted cree que tiene un destino especial con Elohím, ESO puede hacer que usted comience a vivir una vida cada vez más alta espiritualmente hablando, y que en pocos años crezca como pocos. ¿Tenía usted razón al creer que tenía un destino especial? Las personas que logran subir espiritualmente han tenido esta creencia, ya sea imaginaria o real. Lo importante es entender que si usted cree que va a lograr algo, y ora a Elohím y ES SU VOLUNTAD EL DÁRSELO, usted lo va a lograr, no importa las dificultades.

Todos los triunfos en nuestra vida espiritual comienzan con un cambio de creencias. Si usted aprende a que su cerebro asocie DOLOR con su creencia antigua (“el sábado era para los judíos”) y PLACER con su creencia actual (“¡VOY A CUMPLIR UN GRAN MANDAMIENTO Y ELOHÍM ME VA A BENDECIR!”) y si lo hace lo suficientemente fuerte como para sentir dolor por no cumplir el shabát como Elohím se merece, ¡USTED LO VA A LOGRAR!

Volviendo a los Mandamientos: si usted cree que hay bendición en cumplir los Mandamientos y usted toma el COMPROMISO y la DECISIÓN de comenzar ESTA SEMANA a cumplir el Shabát como el Tanáj lo indica (Ieshaiáhu 58:13-14), y a aprender de sus errores al tratar de cumplir los Mandamientos, USTED TRIUNFARÁ, sin duda alguna, y llegará a alturas espirituales que pocos han logrado, porque no han tenido la base mental y emocional que nos da Elohím a través de Su Toráh como guía para tener una vida llena de Sus bendiciones.

No importa si en el primer Shabát que usted trata de cumplir como corresponde (haciendo Su voluntad, como dice Ieshaiáhu/Is. 58:13-14) y no la nuestra), usted apenas pudo COMENZAR a hacer Su voluntad, pero el resto del Shabát se le fue en distracciones. Es mejor comenzar con pequeños éxitos, que pretender cambiar toda una vida de no cumplir el Shabát de “gran forma” y no lograr nada, y sentirnos deprimidos o tristes por ello. ¡Celebre cada pequeño éxito! ¡APRENDA de cada fracaso también!

¿Qué perspectiva de la vida nos ofrecen los Mandamientos? ¡Por primera vez en nuestra vida, la vida tiene sentido! No es un rompecabezas sin sentido, hecho para tontos sin sentido, sino una vida hecha con UN propósito: ¡CONOCERLO A ÉL! Todo el propósito de haber nacido, de crecer, de llegar a contraer matrimonio, de tener hijos, dar nuestra vida si es necesario, por ellos, es una parábola, una comparación, con Elohím, que se casó con Israel, tuvo hijos y dio Su vida, como Ieshúa, por nosotros. ¡Qué distinta la perspectiva que se abre cuando comenzamos a vivir con Elohím! Ahora entendemos que no hay este Dios de tal religión, ni este otro Dios de la otra religión, sino que hay sólo UN Elohím, el Elohím de Israel y el Mashíaj de Israel. Y que no hay otra cosa mejor más que unirse con Él en matrimonio y en perpetua amistad, una amistad que salga de nuestro corazón y que toque Su corazón, que está tan lleno de amor para con cada uno de nosotros.

La familia, por vez primera, tiene sentido y el darle honor a nuestros padres adquiere un sentido inesperado, ya que ellos son los representantes de Elohím en la tierra, por lo que lo de “honrar” adquiere una altura que humanamente no tenía. El honrarlos trae bendición para nuestra vida y la de nuestros hijos y nietos. Esto también es un regalo que no conocíamos, que podíamos recibir bendiciones de Elohím por hacerlo Su voluntad, que es la de honrar a nuestros propios padres!

“No asesinarás” (Shemót/Nombres/”Ex.” 20:13). Cuánto shalóm llega a nuestras vidas cuando entendemos que no podemos ni debemos quitarle la vida a nadie, porque nos da un ataque de rabia o por cualquier otro motivo. Comenzamos a valorar la vida humana y a ver nuestro destino moldeado por Sus Mandamientos, y a aquellos que los violan a arruinar sus propias vidas por desconocerlos o ignorarlos, aun conociéndolos.

El matrimonio, esta institución tan venida a menos, es dignificada, santificada y preservada por el “No cometerás adulterio”. ¡Cuántas oportunidades para crecer en sabiduría y en auto-control, cuando las Mitzvót nos ponen límites que no podemos transgredir, a riesgo de perderlo todo! El matrimonio, en vez de ser un contrato comercial, o un juego que se descarta al poco rato, se convierte en un instrumento de crecimiento mental, sentimental y espiritual. Aprendemos la enorme lección del perdón y del pedir perdón, del olvido y de la compasión a través de practicarlos diariamente con nuestro cónyuge. El divorcio es la salida “fácil” para el matrimonio, es el equivalente del suicidio para el que no sabe qué hacer con su vida y deberíamos aprender de la cultura judía, donde el divorcio es prácticamente inexistente. (Estamos hablando, obviamente, de judíos practicantes de la Toráh, que es la única definición válida de “judío”, según Rom. 2:28-29).

“No hurtarás”. ¡Qué lección de honradez que tanto es necesaria, aun a veces, entre los mismos creyentes! ¿Todavía tenemos algo que no nos pertenece? ¿Le hemos dado cambio de menos a alguien? Elohím lo sabe, los demás no. Como hemos dicho en nuestro libro “Una Comprensión judía de ‘Romanos’: Introducción (pág 25-26):

Con respecto a las mitzvót/mandamientos, Elohím creó al hombre/Ben Adám “betzalménu, kidmúténu/a Nuestra imagen y a Nuestra semejanza”. Así, si existe un área en que nos hizo semejantes a El, es en la capacidad de creación.  Le preguntaron a un famoso pianista y director de orquesta acerca de la música. Su respuesta es bien reveladora para lo que tratamos de explicar; dijo que cuando una música no se ejecuta, ésta no existe en el mundo físico—hasta que se toca; hasta ese momento sólo es un pedazo de papel blanco con símbolos musicales en tinta negra.

Igualmente, cuando comenzamos a cumplir las mitzvót de Elohím, recién en ese momento estamos creando algo: es recién en ese instante que los mandamientos salen a la luz. Si no hay quien cumpla las mitzvót, estas no existen en la realidad del mundo. Los mandamientos son como una partitura musical. Si no hay una orquesta que toque esa partitura, hasta que no se toque, esa obra no adquiere existencia en el mundo físico. Veamos la capacidad del hombre de crear: cuando hablamos, estamos creando algo; cuando hablamos con Elohím, estamos creando algo; cuando cumplimos una mitzváh, estamos creando en la realidad física, la obra de Elohím. El escuchar una música, su ritmo, su melodía, tiene un efecto sobre nosotros y sobre quien la escucha. Asimismo, cada vez que ejecutamos la partitura de la Voluntad de Elohím con una mitzváh, eso tiene un efecto para nosotros y para quien nos ve o nos lee y también tiene un efecto en el Universo, aun cuando no lo entendamos, o no lo veamos. Ese es uno de los principales propósitos por los cuales Elohím creó al Ben Adám: nos creó para que ejecutemos la Obra Maestra de Elohím. Cada uno de nosotros somos un músico en la Orquesta Sinfónica de Elohím. Cada objeto, cada  persona, cada estrella en los Cielos, como dice en Tehilím 19:2, que “los Cielos cuentan la kavód/honor de Elohím/Ha Shamáim mesaprím kavód El/la-dwbk Myrpom Mymsh”; ellos están ejecutando la Obra Maestra, la Sinfonía de Elohím. Elohím creó a las estrellas, a los animales y a los pájaros para que cuenten y canten la Sinfonía de Elohím. Pero nosotros, los Bnéi Adám tenemos la bejiráh/la libertad de contar o no la kavód de Elohím. Esta es otra verdad dentro de la percepción judía de la cultura y de la civilización judía. Cada músico en una orquesta sinfónica tiene notas diferentes que tocar, pero unidos, tocan un ejád/una unidad, una sola melodía. Esta es la suprema importancia de la unidad y por eso hay tantas mitzvótacerca de la unidad con los demás y con Elohím. Cuando tocamos “nuestra partitura” en unidad, estamos mostrando que, por lo menos en nuestra familia, que es parte de la cultura judía en nuestra ciudad, Elohím es ejád/Uno.

Pero cuando hay discordia, pelea, desentendimiento, odio, estamos testificando con nuestra conducta lo contrario; no estamos tocando la Partitura llamada “Elohím es Ejád”. La melodía y la unidad son un problema de armonía, la primera  es un problema musical, y la segunda es un problema mental y espiritual. La falta de unidad es siempre una falta de armonía que  las más de las veces se origina en una falta de conocimiento de nosotros mismos, y así, llegamos a ser la fuente de todos nuestros propios problemas con los demás. No son los demás los culpables, sino nosotros mismos los que causamos con nuestro desconocimiento de las leyes psicológicas internas que están actuando mal en nosotros, los causantes de la desarmonía, tanto en la familia como en la sinagoga. El deseo de controlar a los demás, por ejemplo, algo que podemos arrastrar de nuestros padres y abuelos, trae desarmonía y falta de unidad. Cuando entendemos esto mediante la comprensión y la aceptación de este sencillo hecho  y sacamos nuestro espíritu de control de nosotros, la armonía perdida se restablece entre dos o más personas.

Aunque todos toquemos notas diferentes, aunque tengamos caracteres diferentes, aunque toquemos “una música diferente”, todos pertenecemos a la misma orquesta y todos estamos tocando lo que Elohím desea para cada uno de nosotros. Pero el tocar una partitura no es fácil: le llevó años y años a cada integrante de la orquesta el dominar su instrumento y el aprender a tocar en una orquesta, como un ejád. El “ejecutar toda la Toráh de Elohím” no se logra en un día. Por eso es tan importante el comunicarse con Elohím, que es “el Maestro” (como se le llama al director de una orquesta sinfónica). Sólo a través de los años y del esfuerzo y el estudio y de la comunicación con nuestro Maestro, podremos aprender a tocar correctamente la Toráh, a ejecutar cada mitzváh correctamente. Al hacerlo, estamos injertándonos en la cultura y en la civilización judía, y comenzaremos a percibir la realidad a nuestro alrededor como Elohím lo desea: como un judío. Pero el comunicarnos es inmensamente superior al sólo tratar de ejecutar las mitzvót. La comunicación trae conocimiento íntimo de Elohím, mientras que el sólo cumplir trae una religión aislada y aislante, que puede ser cambiada por otra religión en un abrir y cerrar de ojos”.

El Rébbe Julio Dam le desea que “aprenda a ejecutar la Toráh cada día mejor”.

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