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Viernes, 05 Agosto 2016 05:07

PARASHÁH MATÓT - MASÉI

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DIFUNDIENDO EL JUDAÍSMO MESIÁNICO RENOVADO PARA TODA LATINOAMÉRICA, LOS EE.UU. Y EUROPA

PARASHÁH 42-43
MATÓT - MASÉI

2 del mes de Av del año 5777
6 de Agosto del 2016

Lectura de la Toráh: Bamidbár/En el desierto/”Núm.” 30:2-36:13
Lectura de la Haftaráh: Irmiáhu/”Jer.” 1:1-3:4

Por Julio Dam
Rébe Mesiánico Renovado

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Ba Midbár/En el desierto/"Núm." 31:21: “Y dijo el Kóhen/Sacerdote Eliazár a los soldados que fueron a la guerra: “Este es el decreto de la Toráh que Hashém le ordenó a Moshéh: “En cuanto a los utensilios de oro, plata, cobre, hierro, estaño y plomo, cualquier utensilio que se emplea sobre el fuego, deben pasarlo por el fuego (para purgarlo de algún vestigo de alimento no kashér) y así quedará puro pero se lo debe sumergir en una míkveh”.

COMENTARIO DE LA PARASHÁH
LA NECESIDAD DE CONSERVARNOS APARTADOS DEL MUNDO

En esta parsháh se plantea un tema aparentemente sin transcendencia: el kóhen/Sacerdote (judío) Eliazár da instrucciones a los soldados sobre qué hacer con los utensilios utilizados para la comida durante la campaña militar contra Midián. ¿Qué hacer con ellos? Purificarlos al fuego y luego introducirlos en una míkveh, es decir, en un baño ritual. ¿No estará exagerando Eliazar? Por otro lado, si no está exagerando, ¿qué enseñanza podemos quitar de ello para nuestros días, cuando nosotros NO vamos a la guerra, ni contra Midián ni contra nadie?

La enseñanza es de pureza, de conservarnos apartados/”santos”. La palabra “santos” ha sido tan mal aplicada, que hemos perdido de vista el propósito original, judío, del término, para nuestro perjuicio. Israel no era la primera vez que guerreaba contra otros pueblos en Knaán. Ya lo había hecho contra enemigos que querían destruirlos. Pero Moáv no era uno de ellos. Moáv, como vimos en “Pinjás”, quiso juntarse con Israel, enviando a sus mujeres para que cohabitaran con los hombres judíos, iniciando así una contaminación carnal, mental y espiritual que hubiese continuado hasta el día de hoy. Pero Elohím, quien estaba a cargo de la “crianza” de Su Esposa, Israel, no iba a permitir esto, que era una trampa de ha satán para corromper el ADN moral y espiritual de Israel desde el mismo principio de su vida. Por eso la orden de sumergir los utensilios en la míkveh, en el baño ritual.

Se nos ha acusado a los judíos de todo lo que uno puede imaginarse a lo largo de la historia del Occidente, desde ser “sirvientes de Satanás” hasta tomar sangre de niños cristianos para Pésaj, hasta de practicar la brujería y de causar la Peste Negra en la Edad Media (producida por una pulga que era huésped de las ratas). Aparte de los motivos espirituales (ha satán, como no puede atacar a Elohím, ataca a Sus hijos, los judíos), hay motivos que contribuyen a hacer válidos estos ataques, como esta tendencia judía a apartarse de sus vecinos góim/gentiles/idólatras. Aquí tenemos, por primera vez quizás, una de las razones por las cuales el pueblo judío siempre se ha apartado de los demás pueblos: ¡PORQUE ELOHÍM ASÍ SE LO HA ORDENADO! ¿Por qué? Para conservarlos apartados de la contaminación carnal, espiritual y mental que los góim llevan consigo.

(Cuando decimos “góim” estamos diciendo mucho más que una designación racial, así como cuando decimos “judíos”. El ser “judío” es una religión, básicamente, es decir, una elección religiosa. Cualquiera puede querer y llegar a ser “judío por fe”, como lo llamamos, así como cualquiera (aún un judío de sangre) puede llegar a ser, por propia elección, un gói/idólatra por fe. Es importante tener siempre esto en mente cuando leemos nuestras parashót, ya que el concepto no cambia ni cambiará, ya que es el único correcto.)

Las culturas, tanto las no judías, las góim, como la judía, son un conglomerado variado de muchos elementos: idioma, puntos de vista, valores, modos de actuar, costumbres, religión, etc. que se mantienen a lo largo de la vida de la civilización dada. El historiador judío-norteamericano Max Diamant, autor del mejor libro de historia del pueblo judío, calcula que una civilización dura entre 500 y 1000 años y que hubieron alrededor de 20-30 civilizaciones en toda la historia. En nuestros días estamos presenciando el principio del final de la Civilización Occidental, mientras que nosotros, latinos, vivimos en una civilización latinoamericana que ya tiene exactamente los años que Diamant pronostica que termine: quinientos años, habiendo nacido, como todos sabemos, con el descubrimiento de América en 1492, fecha que coincide con la expulsión de la civilización judía de España, país que jamás se recuperó de esta maldición espiritual (Be Reshít 12:3) hasta el día de hoy.

Todos nuestros lectores formamos parte de ambas culturas: tanto de la latina como de la Occidental, a la que estamos expuestos a través de los medios de comunicación, especialmente de la TV y del cine. Ambas culturas gói tienen factores intrínsecos que son parte de nuestro carácter, quizás sin darnos cuenta de ello, pero no obstante, este pertenecer a estas dos culturas simultáneamente, tiene un precio. Y este precio sólo se puede pagar en una míkveh, en un baño ritual, a los ojos de Elohím.

Tomemos por ejemplo, uno de los factores de la civilización, los valores de la civilización latinoamericana y la Occidental, y comparémoslos con valores similares en la cultura judía. El valor cumbre en la civilización Occidental moderna es el placer y la satisfacción de un sentido de nuestra importancia de nuestro yo a través de la riqueza y el poder (con el rascacielos neoyorquino como símbolo fálico máximo de dicho valor), mientras que los valores cumbres en nuestra civilización latina es la comida y la bebida, la diversión y el sexo indiscriminado y polígamo. Pese a todas las opiniones de todos, inclusive, me imagino, de muchos mesiánicos y mesiánicos renovados por fe, el valor máximo en el judaísmo (religioso) de ninguna manera es el dinero, sino la Toráh y el conocimiento de ésta y su práctica. (El dinero sólo es un pobre sustituto de la Toráh en los judíos no religiosos, ateos o tradicionalistas, que sólo son judíos de nombre.) Justamente, son los judíos que se han apartado de la Toráh los que siguen el mismo valor cumbre de la Civilización Occidental ¡precisamente por la razón que hemos escrito esta parsháh: porque se han contagiado de los valores occidentales, en vez de mantenerse apartados de ellos, ¡que era la razón de la orden del kóhen/Sacerdote Eliazár de sumergir todo en una míkveh! Y hasta hay judíos que se han “latinizado” tanto, que sus máximos valores son los mismos que sus vecinos latinoamericanos: la comida, la bebida y el sexo, es decir, el placer más bajo de la carne. (Es basado en esta clasificación, que hemos dividido a los países en tres tipos: los carnales, descendientes de Jám/”Caliente” (África y  Asia), los mentales, descendientes de Iafé/Bien Parecido (como los Occidentales, especialmente Europa y  los EE.UU.) y los espirituales, descendientes de Shém/”Nombre” como la parte religiosa de Israel  y otros países, cuyas metas nacionales son casi exclusivamente religiosas, aunque con la religión y los “dioses” equivocados, claro está.)

Elohím no desea que nos contaminemos ni con el valor máximo de la cultura Occidental, la persecución tras el poder y el dinero ni con el valor máximo de la cultura latina, la diversión carnal. Y estas son sólo, ¡apenas, dos valores de dos civilizaciones que están permeando nuestro mundo! Imagínense todos los valores, costumbres, puntos de vista que Elohím NO desea que imitemos. Un valor que he visto cundir en nosotros, los mesiánicos latinos y que proviene de la cultura latina, es la falta de puntualidad y de palabra.

Dependiendo del país, “¡Nos vemos a las 7!” significa “a las 7:30” en ciertos países de Latinoamérica y “después de las NUEVE” en otros! En una cultura tan taxativa como la norteamericana, si usted tiene una cita de negocios a las 7 y llega a las 7:10, ¡YA NO TIENE CITA! La persona con quien tenía la cita ya se la ha cancelado. A ojos de Elohím, QUIEN ES TREMENDAMENTE PUNTUAL, un segundo es importante. Si usted le dice a Elohím o a un judíoi-mesiánico por sangre o por fe, que va a estar con él a las 7, eso significa, a ojos de Elohím, ¡a LAS 7:00:00! ¡Ni un segundo después! Estoy citando sólo UNO de cientos de valores y de puntos de vista, para mostrar que estamos CONTAGIADOS de las culturas circundantes, en vez de “contagiarnos” de la única cultura (kol(Heb.)=voz; Toráh; cultura=La Voz de la Toráh) válida delante de los ojos de Elohim: la judía.

Tomemos un valor común en la cultura latina, la mentira. “¿Está fulano?” pregunta alguien por teléfono. “No, salió”, (cuando en realidad está allí, sólo que está haciendo señas a quien atendió el teléfono para que diga que no está). La mentira es un anti-valor de la cultura latina muy común. Delante de Elohím, no tiene nada de permisible.

La mentira va de la mano con la honradez, otro “anti-valor” latino del que tenemos que huir. En la cultura judía, ambos valores son muy sólidos. En el único lugar que no me preocupo de contar el vuelto ni de ver si me hicieron bien la cuenta es en un negocio judío (como las librerías judías, de las que soy asiduo cliente.) No hay necesidad alguna de contar ni de revisar nada. NO nos van a dar de menos, quédese tranquilo. ¿Por qué son una librería en un país latinoamericano?  NO. Porque es una librería judía religiosa. Los empleados son judíos, por lo que, aparentemente, fueron criados en una cultura latina, pero sólo aparentemente. Sus valores, como la honradez escrupulosa, son judíos y esos son los valores que Elohím desea que incorporemos al espíritu de Su esposa, Israel, de la cual somos parte, según Ezekíah 37 y 38.

¿Qué otros valores nos brinda el Judaísmo Escritural que podemos y  debemos incorporar a nuestra personalidad?

“Y ahora, Israel, qué desea ADONÁI, vuestro Elohím de ustedes? Sólo que tengamos temor de ADONÁI, vuestro Elohím, que caminen en Sus caminos y que lo amen con todo vuestro corazón y con todo vuestro esfuerzo”.

¿Qué significa esto? ¿Cómo se hace esto? Como siempre decimos, comencemos por los Asaráh Maamarót/Diez Palabras/Mandamientos de Shemót/Nombres/“Ex.” 20:2-17: ¿Estás teniendo como único Elohím al Rey de Israel? O estás reconociendo a otro Dios y a otra religión? ¿Estás conservando algo en tu casa, de alguien de tu familia, que sea una representación de alguna deidad (estampitas, fotos, medallitas)? ¿Estás cuidando de dejar de trabajar una media hora antes del comienzo del shabát, cada semana, para estar en tu casa en shabát antes de la caída del sol, o no te preocupa la hora porque “estoy muy ocupado esta semana”? ¿Estás hablando con Elohím todos los días, aunque sea unos minutos cada día, para “conocerlo y entenderlo” cada semana un poco más, para saber qué clase de Elohím tenemos y cómo es Su carácter y Sus deseos para tí? ¿Estás honrando a tu padre y a tu madre “para que te vaya bien” o les estás gritando y faltándoles el respeto, “porque no saben lo que dicen”? ¿Estás siendo fiel a tu esposa/o o estás fantaseando con alguien o directamente, estás siéndole infiel, adulterando? ¿Estás quedándote con algo que no es tuyo, cualquier cosa que sea, por insignificante que ésta sea? (Si es así, estás robando, infringiendo así el vers. 15). ¿Estás hablando mal de alguien, especialmente si no es cierto lo que dices, o sólo “estoy exagerando un poquito”? ¿Estás envidiando lo que los demás tienen: su casa, su esposa/o, su automóvil, su estilo de vida, sus vacaciones? (Décimo Mandamiento).

Por otro lado, si estás cumpliendo aunque sea algunos de estos Mandamientos y tratando de cumplir los demás, estás en posición de llegar a ser “apartado para Elohím”, “santo”, como Elohím es Santo. Esto hace que estés también en posición de recibir Sus bendiciones y Su protección, que no tardarán en llegar a tu vida y la de tu familia. (Si NO estás pudiendo, por fuerza mayor, cumplir algunos de estos diez mandamientos temporalmente, pide perdón a Elohím y trata de salirte de la situación en que estás, para poder estar en la posición de serle agradable a Elohím y recibir Sus Bendiciones.)

Debemos tomar estos “utensilios” de oro, plata, cobre, estaño y sumergirlos en la míkveh de Elohím, para purificarlos, y poder usarlos sin riesgo de contagio.

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Julio Dam

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