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Jueves, 23 Julio 2015 22:02

PARASHÁH DVARÍM / ASUNTOS

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DIFUNDIENDO EL JUDAÍSMO MESIÁNICO RENOVADO PARA TODA LATINOAMÉRICA, LOS EE.UU. Y EUROPA

PARASHÁH 44
DVARÍM / ASUNTOS

9 DEL MES QUINTO DE 5776
25 DEL MES DE JULIO DE 2015

Lectura de la Toráh: Dvarím/Palabras 1:1-3:22
Lectura de la Haftaráh: Ieshaiáhu 1:1-27

Por Julio Dam
Rébe Mesiánico Renovado

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COMENTARIO DE LA HAFTARÁH

Ieshaiáhu/Is. 1:16: "Lávense, límpiense, extirpen el mal de sus actos delante de Mis ojos. Dejen de hacer el mal. Aprendan a hacer el bien, busquen el camino recto; ayuden al oprimido, consideren a los huérfanos, defiendan a la viuda. Venga ahora y entendámonos juntos, dice ADONÁI. Aunque sus pecados sean como la grana, se tornarán tan blancos como la nieve. Aunque fuesen rojos como el carmesí, será como la lana".

VENGAN AHORA Y ENTENDÁMONOS
JUNTOS, DICE ADONÁI

¿Quién no quiere “venir ahora y entenderse juntos” con Elohím? ¿Hay alguien que no quiera esto? ¿Quién no quiere que nuestros pecados se vuelvan blancos como la nieve y blancos como la lana? Pero hay condiciones. ¡Vengan ahora y entendámonos juntos!

¿Qué es de lo que debemos lavarnos y limpiarnos para “venir ahora y entendernos juntos” con Elohím?

En primer lugar, debemos entender la buena voluntad de Elohím. No nos dice: “No quiero hablar con ustedes, porque son pecadores” o algo parecido, no. Nos da condiciones, es cierto, pero nos indica todo esto para nuestro bien, para poder estar en Su Presencia ¡y ser escuchados por la Máxima Autoridad sobre el Universo, nada menos!

Entonces, si esto es así, ¿qué significa “lávense, límpiense, extirpen el mal de sus actos delante de Mis ojos.”?

Para comenzar, debemos DECIDIR “lavarnos, limpiarnos y extirpar el mal de nuestros actos”. Hay una enorme diferencia, una gigantesca distancia entre el entenderlo y el hacerlo. Hay personas que saben que están pecando y sin embargo, con cualquier excusa, lo siguen haciendo, porque no se han DECIDIDO. Una cosa es querer algo, y otra muy diferente y mucho más sólida es abrazarlo, hacerlo parte de nuestra vida.

Para seguir, ¿de qué debemos lavarnos y limpiarnos? Continuamente, diariamente, nos estamos ensuciando los ojos al mirar lo que no debemos, los oídos, al permitirnos escuchar lo que no debiéramos, porque nos ensucian la mente; las manos, al hacer lo que no es correcto hacer a los ojos de Elohím; la boca, al decir palabras que no son dignas de Elohím y que Él prohibe decirlas, pero creemos que nadie nos está escuchando; los pies, al ir donde no debiéramos haber ido.

Diariamente, estamos ensuciándonos, muchas veces sin darnos cuenta, continuamente, pensando, diciendo y haciendo lo que no es de Elohím, sino de la gente mundana. Esto es lo que Elohím llama “pecado/jatáh”. Es pecado el pensar, el decir, y especialmente el hacer lo que no debiéramos, de acuerdo a los Mandamientos, a la Toráh. Y es así de fácil el estar el pecado, tanto que ni pensamos que lo estamos. “¡Sólo estoy pensando en algo incorrecto, pero ni siquiera alguien lo sabe!” nos decimos a nosotros mismos, tratando de aliviar nuestro peso, o, directamente, de disculparnos a los ojos de Elohím.

No entendemos que Elohím ve y escucha hasta nuestros pensamientos, y que éstos no son los que Él espera de un hijo suyo. Ni hablemos de palabras impropias para un hijo de Elohím, ni peor que peor, de actos impropios, pecados, lisa y llanamente, que es lo más significativo a los ojos de Elohím y del judaísmo, y por lo tanto, del judaísmo mesiánico, que está basado en los hechos, no en los meros pensamientos, aunque Elohím, como decíamos, mira y toma en cuenta todo.

En Be Reshít 2:17 se nos habla del “árbol del conocimiento del bien y del mal”, algo que hemos creído siempre que entendíamos, pero no es así. ¡ELOHÍM ES EL ÚNICO QUE SABE EXACTAMENTE QUÉ ESTÁ BIEN Y QUÉ ESTÁ MAL! El “comer” del árbol sólo hizo que el hombre/ben Adám entrara a juzgar ÉL lo que Él creía que estaba bien o mal, algo que está equivocado para comenzar.

¡Lo que dice Elohím en su Toráh está bien! ¡Y lo que dice Elohím en Su Toráh que no hay que hacer está mal el hacerlo, no importa lo que nosotros, meros seres humanos, pensemos sobre esto! Es cuando nos salimos de esta regla que comienzan los problemas, y comenzamos a desviarnos del camino recto de Elohím y a entrar a “comer” del árbol del bien y del mal.

Veamos un solo ejemplo, por falta de espacio: las imágenes religiosas. ¿Están mal, verdad? Depende de quién lo dice: Cuando Elohím manda hacer qruvím/querubines sobre el arca, ¡ESO ESTÁ BIEN! Cuando es el hombre quien se hace imágenes de Dioses, para “venerarlos”, está muy mal, y se llama idolatría y es castigado con la muerte eterna en el infierno (Rev. 21:8). (Entendemos bien que este es un concepto difícil de entender y de aceptar, pero es cierto y verdadero. Estamos sólo comenzando a “entendernos juntos”.)

APRENDAN A HACER EL BIEN

¿Qué significan estas palabras? Elohím nos dejó mandamientos, especialmente los diez Mandamientos, para, primero aprenderlos, leyéndolos, y recordándolos, discutiendo y entendiéndolos hasta haberlos memorizado de una buena traducción, que tiene que ser judía.

Una vez que tenemos estas bases sólidas, tenemos que preguntarnos en grupo, como para discutirlo, si fuese necesario—y lo es: “¿Para quiénes son los Diez Mandamientos? ¿Para los judíos sólo? ¿O para todos los creyentes?” Si decimos “para todos los creyentes” estamos admitiendo que el Shabát es para nosotros, y que debemos cumplirlo a cabalidad. ¿O no? ¿Son diez los Mandamientos, o nueve? “Lávense y límpiense” la mente, diría yo, imitando a Elohím. “Vengan ahora y entendámonos juntos, acerca de los Nueve, quiero decir, de los Diez Mandamientos”.

Por otro lado, ¿qué es “aprender a hacer el bien”? ¿Qué es “hacer el bien”? ¿Qué es “aprender”?

Ya explicamos más arriba que “el bien” lo determina Elohím, no el hombre, ni su opinión de lo que es “bien” o “mal”.

¿Qué es “aprender”? Es intentar, fallar, y volver a intentar, con toda nuestra voluntad, hasta que estemos, en realidad, aprendiendo.

¿Qué es, entonces, aprender a hacer el bien? Es tener la experiencia de hacer una buena obra (según la Toráh), que Elohím nos demande; y hacerla cada vez que se nos presente la oportunidad, es decir, que la oportunidad toque literalmente la puerta de nuestra casa. En efecto, cada mendigo que toca el timbre de nuestra casa, o golpee el vidrio de nuestro automóvil, pidiendo algo, es enviado por Elohím, y debemos prestarle nuestra total atención. ESO es “hacer el bien”.

Hacer el bien, también es cumplir un mandamiento, como ya dijimos, cumplirlo a cabalidad.  Muchas veces, el hacer el bien no es tan pashút/simplote como esto: entre darle la razón a alguien o a otra persona, el “bien” está en el grado de cumplimiento de la Toráh de cada persona en particular en ÉSE caso en particular. En otras palabras, si dos personas están discutiendo por algo, y nos piden nuestra opinión, o nuestra intervención, para “hacer el bien” en ese caso particular, debemos pedir ayuda a Elohím, para que Su Rúaj intervenga y nos guie, y no seamos llevados por las simpatías personales que podamos tener hacia una u otra de las dos personas, terminando por darle la razón a quien corresponde—según la guía de Elohím, y no la nuestra. Esto también es “hacer el bien”.

BUSQUEN EL CAMINO RECTO

¿Qué significa “buscar el camino recto”? Dice en Mt. 6:33: “Busquen primero el Reino de Elohím y su camino recto y el resto les será añadido”. ¿De qué “resto” está hablando Ieshúa aquí? Está hablando de lo que nos ocupa el noventa y nueve por ciento del día: nuestro empleo, nuestras preocupaciones, ocupaciones, familia, conversaciones, lo que nos quita todo el tiempo que tendríamos que estar en el Reinado de Elohím, haciendo Su Voluntad, que es justamente “buscar el camino recto” y hacerlo. Elohím sabe lo que necesitamos, cada día, cada minuto, cada año. No está “distraído” en otras cosas. Su atención está mucho más fija en nosotros que lo que nosotros estamos en Él. Cuando hagamos de esta verdad parte de nuestra vida, estaremos ya haciendo el camino recto de que habla este versículo.

¿Qué es, aparte de esto, el camino recto? Es ayudar al oprimido, al perseguido por el enemigo espiritual, orar por el enfermo, liberar al que lo necesita, aunque no lo sepa y crea que sólo tiene un problema sin importancia; amparar y ayudar a la viuda, a los pobres e indigentes. Es tener discípulos/talmidím, que estén aprendiendo lo que nosotros estamos aprendiendo de Él. Es hablarles (si Elohím nos lo dice) del judaísmo mesiánico como salida para sus pobres vidas. Es, en síntesis, TRATAR DE HACER lo que hizo Ieshúa en Su vida terrena, cuando estaba en la tierra de Israel con nosotros, como Imánu’Él (“Elohím entre nosotros”).

El camino recto también es extirpar el mal de nuestros pensamientos, palabras y actos, como hablábamos al principio de esta parasháh. Evaluar todos los días, en cada momento, qué estamos haciendo de mal, y qué estamos haciendo bien, para saber si estamos en el camino recto. Una manera más fácil y mucho más efectiva, es pedir la guía del Rúaj ha Kódeshde Elohím para todos los días de nuestra vida, para que nos guíe en todo lo que hacemos y debemos hacer ése día.

“VENGAN AHORA Y ENTENDÁMONOS JUNTOS, DICE ADONÁI”

Si hacemos todo esto, Elohím nos dice: “Vengan, ahora, y entendámonos juntos”. Es decir, limpios de todo pecado—por lo menos hoy—Elohím nos invita a estar en Su Presencia Sagrada y Bendita, disfrutando de Su conversación y de Su Presencia Iluminadora y eventualmente, de Su Amistad.

El resultado de esta obediencia nuestra de seguir Sus indicaciones, SU “árbol del bien y del mal” y no el nuestro, es una amistad eterna, que traspasa los límites de lo conocido, para adentrarnos en lo desconocido, que es “entenderme y conocerme”, como dice el Tanáj en Jer. 9:24.

Allí sí, haciendo Su voluntad, y no buscando sólo la nuestra, estaremos en la posición privilegiada de que nos promete Elohím: “Aunque sus pecados sean como la grana, se tornarán tan blancos como la nieve. Aunque fuesen rojos como el carmesí, será como la lana”.

Nuestros pecados serán borrados, y nuestras vidas serán cambiadas para siempre, por estar en Sus caminos, y no en los nuestros.

¿Lo haremos, aunque sea por Él, por satisfacerlo? Esta es la “oferta” que Elohím nos ofrece en esta semana y que puede rendir frutos para toda la eternidad. ¿Le vamos a hacer caso? ¿Sólo por este shabát, o por el resto de nuestras vidas?

 

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Julio Dam

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