INTRODUCCIÓN A LA TRADUCCIÓN MESIÁNICA RENOVADA (TMR)

Es todo un privilegio el poder brindar a nuestros lectores en todo el mundo de habla hispana, una traducción de estudio en castellano del Pacto Renovado, con miles de comentarios, y damos muchas gracias y bendecimos al Elohím de Israel que nos ordenó hacerla. Él  nos ayudó en todo sentido, e hizo posible esta traducción, después de más de cinco años de arduo trabajo de investigación (ver nuestra bibliografía detallada al final del libro, con más de trescientos libros consultados), en Internet, hecha en el hebreo en que fue escrito originalmente, y en su traducción al griego, de la versión del Texto Mayoritario, que recoge una enorme mayoría (más del noventa y ocho por ciento) de los cinco mil seiscientos sesenta manuscritos en griego actualmente en existencia, aparte de algunas expresiones interesantes del Matitiáhu Shem Tov del Siglo XIV, escrito originalmente en hebreo y preservado hasta hoy. Esta labor incluye tres revisiones completas, hechas por tres personas por separado.

Además, y creemos que por primera vez en una traducción, tenemos (1) palabras de profecía de Elohím mismo, las cuales están subrayadas, para distinguirlas; y (2) multitud de revelaciones pertinentes a diferentes temas, marcados con este símbolo (Ñ).

Creemos que era necesaria una traducción mesiánica renovada, ya que, después de dos mil años, la vida y las palabras de enseñanza de Ieshúa ben Iósef, el Mesías de Israel, deben ser colocadas en su contexto original, su semántica original, la hebrea, y su cultura original, la cultura judía, que incluye el idioma hebreo como base de toda la comunicación con el mundo.

Cada uno de estos parámetros: el contexto, la semántica, la cultura, las expresiones idiomáticas, las palabras teológicas, y el idioma original en sí, son partes esenciales de un todo, a ser recibido y comprendido con la comprensión original que tenían los lectores del Siglo I, quienes gozaban de los mismos elementos con los cuales se habló, y se escribió originalmente.

Sin embargo, estos parámetros han cambiado sustancialmente, de modo que nuestra comprensión del Pacto Renovado ha cambiado también, tanto, que es muy difícil, después del largo tiempo transcurrido, tener una comprensión adecuada del mensaje que el Rabí Ieshúa quiso dejar para el mundo futuro y especialmente para nuestros días, ya en el Siglo XXI.

Para ayudarnos a volver a aquellos parámetros originales mencionados más arriba, tenemos—y hemos hecho uso de ellos–fuentes como el Talmúd, los escritos del Mar Muerto, el historiador judío Flavio Josefo, los libros y escritos de exégetas modernos y versados en hebreo, como Robert Lindsey, David Bivin, el Prof. David Flusser, Samuel Safrai, Brad Young, el Dr. William Bean, el Dr. Ron Moseley, y otros, y nuestro conocimiento del hebreo, adquirido durante tres años de vivir en Israel y usar el hebreo diariamente.

Después de recibir a Ieshúa como nuestro Mashíaj, hemos leído y estudiado el Tanáj en hebreo y castellano, y la evolución del idioma hebreo en los últimos dos mil años, desde el hebreo del Tanáj, pasando por el hebreo mishnáico (de la Mishnáh), (alrededor de la época de Ieshúa), hasta el hebreo moderno de Israel, y también la evolución del castellano medieval al moderno, para modernizar el castellano usado en las traducciones tradicionales.

Este conocimiento del hebreo y de las traducciones, tanto al castellano como al inglés y al griego, de la evolución del castellano mismo, y de los libros y escritos de expertos como Bivin y sus colaboradores citados, y de otros (ver nuestra Bibliografía), nos sirvió en gran manera para recobrar esos parámetros originales del hebreo hablado en el Siglo I por Ieshúa y Sus discípulos y seguidores, como el Rabino Shául, Avnér (“Lucas”), Iojanán (“Juan”), y sus verdaderos significados.

Estos significados parecen ser bien comprendidas por nosotros, porque entendemos castellano (en el nivel más superficial, aunque esto no lo podemos entender), pero el hebreo original, y su verdadero significado en muchos versículos, es totalmente diferente a lo que realmente creemos que dice. Para dar dos ejemplos de miles, por falta de espacio, Ieshúa dijo, en Lc. 13:32: “Id y decid a ese zorro:…” (refiriéndose a Herodes). En castellano “zorro”, y en inglés (“fox”), significa alguien astuto, taimado, y así lo traducimos mentalmente, y nos quedamos satisfechos con nuestra comprensión del versículo, ya que es la correcta–aparentemente. Sin embargo, en hebreo tiene un significado totalmente diferente: Ieshúa dijo: “Vayan y digan a ese Don Nadie…” La expresión “shuál ben shuál” significa “Don Nadie, hijo de Don Nadie”, o “insignificante”, “despreciable”.

En nuestro segundo ejemplo, es el castellano usado en la traducción el que ha cambiado. Dice en Mt. 5:41: “A cualquiera que te obligue a llevar carga para él por una milla, vé con él dos”. ¿A cuánto equivale una milla? En primer lugar, es una palabra en latín, aunque parece inglesa, por lo que no podemos entenderla en castellano, por lo que sólo se han hecho aproximaciones, o la han dejado intacta. Los que vivimos en Latinoamérica no sabemos exactamente cuánto es una milla, aunque sea en inglés, que no es, sino latín, como decíamos.1 Por otro lado, la verdadera traducción debe ser rescatada del hebreo: “élef pasiót” (mil pasos), o novecientos sesenta metros, una traducción que se encuentra sólo en el Matitiáhu Shem Tov, escrito originalmente en hebreo.

A propósito del hebreo, nuestros queridos lectores se estarán preguntando: “¿No está acaso escrito en griego el Nuevo Testamento? ¿Por qué habla usted tanto del hebreo?” Justamente, nuestro artículo gratuito en Internet, ¿El Pacto Renovado fue escrito originalmente en griego, arameo, o hebreo? en nuestro sitio: www.beitshalom.org, habla minuciosamente y con muchos detalles y pruebas—no opiniones personales–de un original hebreo del Pacto Renovado, como se está empezando a creer en el mundo entero, al revés de lo que se creía en los últimos doscientos años, cuando se asumía un original griego para el N.T.

En realidad, hemos encontrado en esta traducción más de setecientos hebraísmos, que hemos marcado con este símbolo en nuestros pies de página (Y), algo nunca antes escuchado, y eso sin contar los innumerables, miles y  miles de “y” con que comienzan los versículos, por ejemplo, en el libro de Matitiáhu (“Mateo”), un comienzo que no existe en ningún idioma Occidental, ya que pertenece a la sintaxis hebrea. El traductor griego simplemente lo dejó en el orden hebreo, en vez de cambiarlo a un orden griego, con lo que hizo mucho más fácil el reconocer el origen hebreo del Pacto Renovado.

¿Qué es un hebraísmo? Un hebraísmo no significa una traducción del o al hebreo de una palabra. Significa la traducción de una expresión que en otro idioma no tiene sentido, y entonces, el que sabe hebreo, entiende que la expresión proviene de ése idioma y no de otro. Como tercer ejemplo, en Lc. 11:34 dice: “Si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo… pero si tu ojo es malo…” ¿Qué significa “ojo bueno” y “ojo malo” en castellano, inglés, francés, o cualquier idioma? Uno puede creer que lo entiende, y encontrar una explicación, pero no es la correcta, a menos que sepa que se trata de dos hebraísmos: “ojo bueno” es generoso, mientras que “ojo malo” es avaro. Sólo retraduciendo primero al hebreo original y traduciendo lo que realmente significa, podemos recobrar el significado original, que tenía hace dos mil años, cuando fue escrito.

1 Thayer´s Lexicon, pág. 414. Número Strong 3400.Un cuarto ejemplo está en Mt. 6:1: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser visto de ellos…” ¿Qué quiere decir esto? Aparentemente, como sabemos cada palabra del castellano, creemos que entendemos lo que dice. Pero en realidad, es otro hebraísmo, sólo que escondido en un castellano con palabras mal elegidas. Una traducción correcta sería: “No den limosnas sólo para hacerse notar por los hombres”. Multipliquemos estos dos ejemplos por trescientos cincuenta y tendremos los más de setecientos hebraísmos que hemos encontrado en nuestra traducción, que, si no son traducidos correctamente, no tienen ningún sentido en castellano, como este versículo de Mt. 6:1.

Un quinto ejemplo se encuentra en Iojanán (“Jn.”) 11:20: “Cuando Marta oyó que Jesús venía, salió a encontrarlo. Pero María se quedó en casa”. Nadie nos explica—y menos que menos el texto en sí–porqué Miriám se quedó en casa, porque eso delataría el contexto judío del tema, algo que se ha evitado a toda costa. Al morir Eleazár, el hermano de ambas, Miriám hizo “shívah”, (de shéva=siete), se quedó sentada en el suelo de la casa por siete días, algo que se hace en todos los velorios judíos.

Restaurando las raíces judías originales de nuestra fe. Durante el primer siglo después de Ieshúa (“D.I.”), nació un movimiento creado por Elohím venido en cuerpo, Ieshúa ha Mashíaj, un judío ciudadano de Israel, es decir, israelí, circuncidado a los ocho días como todo bebé judío (Lc. 2:21); que usaba talít, como todo judío (Mt. 14:36); como todo judío religioso, hablaba hebreo (Hchs. 26:14); que enseñó la Toráh en toda su corta vida sobre esta tierra de Israel, y que cumplía todos los Mandamientos (Ioj. 15:10), como cualquier judío ortodoxo, así como lo hacían Sus discípulos, enseñados por Él (Ioj. 14:21, y Mt. 5:19). También enseñó que la Toráh nunca desaparecería: “ni una iód (y), ni un adorno caligráfico de la iód sería quitado de la Toráh” (Mt. 5:18); y que Sus discípulos que nacieron gentiles, dejaban de serlo al creer en Él (1a Co. 12:2). Festejó todas las fiestas judías con Sus discípulos (Mr. 14:12), y ellos también las festejaron (Mt. 28:1); y fue enterrado como todo judío, (envuelto en telas y no en un “féretro”), y dijo que recordásemos el aniversario de Su muerte (1ª Co. 11:24), como se hace en el judaísmo hasta el día de hoy, (y no su cumpleaños).

Él vino para dos propósitos principales: primero, para “salvar a las ovejas perdidas del linaje de Israel” (Mt. 15:24); y segundo, para ser “el Cordero de Elohím que quita el pecado del mundo (gentil) (Ioj. 1:29)” en los siglos futuros, hasta nuestros días, sustituyendo a los miles de corderos que eran sacrificados en Pésaj para perdón de pecados, y para la salvación de Su Pueblo judío, y de todas las personas que no eran, ni son, judíos por sangre, tanto en la época en que Él vivió, como en los veintiún siglos siguientes.

Él dijo: “Tengo otras ovejas (gentiles/góim) que traer a este redil (Israel) (Ioj. 10:16)”. Estas ovejas no judías eran, y siguen siendo injertadas en el árbol judío de Ro. 11:17, y dejaban de pertenecer al árbol sin fruto y sin dueño (“silvestre”), para pasar a ser parte de la ciudadanía de Israel (Ef. 2:12), teniendo desde ese momento, un Elohím judío, un Mashíaj judío, y una comunidad judía mundial de la cual formar parte, según Ef. 2:11-17, Fil. 3:3, Rev. 12:17 y varios otros versículos.

Esto siguió así, hasta que comenzó la persecución contra los judíos, con la destrucción del Templo en el año 70 D.M. y cuando los gentiles se hicieron mayoría en el judaísmo mesiánico, al final del Siglo I. Allí sobrevino un cambio drástico, impulsado por escritores famosos y muy influyentes dentro del cristianismo, como Crisóstomo, Justino Mártir, etcétera, quienes impulsaron una separación del movimiento judío mesiánico hacia lo que ellos llamaron cristianismo. Esta separación se hizo, en la práctica, con la ayuda de la semántica griega, dejando atrás, y rechazando la semántica judía original del Rébe Ieshúa.

Cuando en la primera mitad del Siglo I, cuando todavía existía el judaísmo mesiánico I, se podía decir—y todos lo hubiesen entendido palabra por palabra–para dar un ejemplo de muchos: “Iojanán les hizo teviláh (inmersión en agua para arrepentimiento) a muchos judíos en el río Iardén, dándoles las buenas noticias de la próxima venida del Mashíaj Ieshúa, profetizado por los profetas judíos en la Toráh”.

Esto es algo que la semántica religiosa transformó en lo siguiente: San Juan bautizó a muchos cristianos en el Jordán, enseñando el evangelio de Jesucristo, ya profetizado por los profetas en el Antiguo Testamento. Cada una de las palabras subrayadas no existen en griego, ni existieron esos nombres como personas reales, ni como lugares, actividades, ni como nombres propios. Son palabras en “griego judío” para desjudaizar, y simultáneamente cristianizar los conceptos, y las personas de la primera frase anterior en negritas.

No importa que jamás existió ningún “San Juan”, ni que no hizo ningún “bautismo” (una palabra judío-griega); ni que jamás existió nadie llamado “Jesucristo” que anunciara ningún “evangelio/euaggelion”–una palabra inventada por la semántica griega del “N.T.”, ya que “buenas noticias” en griego antiguo se dice “eujáristes eidéseis/?????????? ????????”.1 Por lo tanto, el primero de los dos párrafos en negrita, jamás existió, sino que fue parte de “un evangelio diferente” (Gál. 1:8) al del judaísmo mesiánico I, algo que el Rabino Shául pronuncia: “¡Que sea maldecido por Elohím!” (aunque tampoco se puede entender así, porque nunca se ha traducido correctamente “anatema”=maldecido por Elohím).

Tampoco le pareció importar a nadie, el hecho que ningún griego de nacimiento entiende el “N.T.” escrito en su idioma natal, y lo llama “griego judío”, precisamente por la introducción de la semántica religiosa mostrada más arriba, que no es griego, aunque los así llamados “expertos”, lo han denominado “griego koiné (común)”, que de común no tiene nada, pero sí mucho de judío.

De este modo, el rechazo a través de los Padres de la Iglesia, más la semántica religiosa griega, desjudaizó por completo, y simultáneamente, cristianizó el Pacto Renovado mesiánico, transformándolo en un “Nuevo Testamento” cristiano, totalmente desjudaizado y en muchos lugares, abiertamente anti-judío. Esto, a su vez, hizo imprescindible la inserción de muchos errores de traducción, tanto no intencionales como intencionales (Mt. 7:23: “hacedores de iniquidad” en vez de “los que no cumplen la Toráh=anomos”; Rev. 22:14: “las que lavan sus ropas”, en vez de: “los que cumplen Sus Mandamientos/entolás aútou”), para que los lectores no se enteraran que sí hay que cumplir los Mandamientos por orden expresa de Ieshúa.

Todo esto, trajo como consecuencia natural y obvia, la creación de, por lo menos, dos religiones: el cristianismo, a principios del Siglo II, y del mitraísmo, en el Siglo IV, implantado por el Emperador Constantino, un adorador del Dios iraní Mitras (Solis Invictis=Sol Invicto) hasta su muerte, una implantación que pasó a llamarse “Iglesia Católica Romana”. Estas dos religiones están igual que hace dos mil años atrás, separadas de sus raíces judías originales, y separadas de los principios inmutables y eternos de Elohím, quien no cambia, ni cambia Sus doctrinas y enseñanzas.

1 Según el: http://www.in.gr/dictionary/lookup.asp?Word= good+ news&Translate Button2= Translate.Sin embargo, como Elohím está lleno de misericordia, alrededor de 1980, comenzó a surgir lo que nosotros denominamos “judaísmo mesiánico II”, es decir, la restauración de las raíces originales judías en todo el mundo, desde el Polo Norte hasta el Polo Sur, restauración que está avanzando a gran velocidad en cada ciudad y país del mundo, en pequeños y grandes grupos de ex-cristianos, que han recibido la revelación de la Verdad de Elohím acerca del judaísmo mesiánico II. Este JM II no es más que la preparación de la Prometida del Rébe Ieshúa, quien, como Rébe judío que es, no puede casarse con una gentil, sino sólo con una judía, ya sea por sangre y/o por fe, injertada en el árbol judío de Ro. 11:17, con el Verdadero Elohím, y el Verdadero Mashíaj, Ieshúa, y siendo parte de la Ciudadanía de Israel mundial, como bien explica Ef. 2:11-17.

 

Restaurar nuestra verdadera identidad. El segundo objetivo es volver a nuestras raíces hebreas originales, el recuperar la identidad de cada seguidor de Elohím y de Ieshúa, identidad perdida y escondida en capa tras capa de engaño y falsificación, hasta que ya nadie entiende los casi diez versículos que todavía están allí, en el Pacto Renovado, señalando, ahora en el judaísmo mesiánico mundial (JMM) cada vez más claramente, que cada creyente, no importa su nacionalidad ni origen racial, es un judío mesiánico, ya sea por sangre (nacido de madre judía), o por fe (por su creencia), ya que la palabra “judío” proviene del hebreo iehudí, y que significa=i=hwhy (IHVH); + hod=adorador; es decir que, “judío”=adorador de hwhy y que “cristiano” proviene del griego “Xristianioús” (Hchs. 11:26) es sólo una traducción del original hebreo, “meshijiím”, que significa “(judíos) mesiánicos”. Estos versículos—que recomendamos a nuestros queridos lectores que sean estudiados en cada sinagoga mesiánica, de los cuales tenemos aquí algunos: Fil. 3:3; Ef. 2:11-17; Ro. 11:17 y 2:28-29; Ioj. 10:16; 1ª. Ts. 1:9; 1ª Co. 5:11 y 12:2; Ef. 4:17; Jer. 31:31-37; Is. 56:2; Lc. 14:26;  1ª P. 1:9 y 1a P. 2:9; Rev. 2:9 y 12:17.

Elohím nos hizo diferentes: judíos y gentiles, como dice Gál. 3:28 (que se entiende mal), pero no para que los que nacieron gentiles continúen siendo gentiles, que es igualado a “perros” en nada menos que ocho versículos en el P.R. sino para que, los que han nacido “góim” que significa “idólatras, gentiles”, se vuelvan al Único Elohím y se vuelvan judíos por fe, como nosotros los denominamos, algo que ni algunos rébes mesiánicos a veces han comprendido, aún cuando en estos versículos citados, si se estudian con revelación de Elohím, se verá lo que realmente significan. Para citar sólo tres versículos, justamente Gál. 3:28 dice “ya no hay judío ni gentil”. ¿Qué significa esto? Que ahora—no es que no haya ninguna de las dos categorías, como se enseña–sino que los que creen en el Elohím de Israel, se vuelven judíos por fe, y ya no son de “segunda categoría”, como lo son los gentiles. En Rev. 12:17 está mucho más claro: ¿quiénes son los únicos que “guardan los Mandamientos de Elohím”? Los cristianos no lo hacen; y ¿quiénes son los que tienen el testimonio de Ieshúa el Mashíaj? Los judíos no tienen ese testimonio; sólo los judíos mesiánicos cumplimos ambas condiciones. Y por último, Ef. 2:12: “en aquel tiempo (antes de conocer al Único Elohím verdadero) estaban sin Mashíaj, alejados de ser parte de la Comunidad mundial de Israel… sin esperanza y SIN ELOHÍM en el mundo”. ¿Hay algo más claro en todo el P.R. de que los gentiles son éstos “en aquel tiempo”, como dice el vers. doce?

Restaurar la verdadera identidad de nuestro Mashíaj, de su cultura, religión e idioma verdadero, restaurando así la Verdad de Elohím para toda la humanidad sedienta de Su Verdad, que se ha perdido durante casi dos mil años. Si logramos estos dos objetivos previos, el restaurar nuestra relación con el Único Elohím verdadero y con el Mashíaj Ieshúa, y el restaurar nuestra identidad como judíos por sangre y/o por fe, estaremos restaurando automáticamente, tanto mental como emocionalmente la identidad de nuestro Mashíaj Ieshúa, Su verdadera cultura y semántica, Su religión y Su idioma, que es la cultura y la religión judía que Él tenía, y sigue teniendo, y el idioma hebreo que Él hablaba, como lo dice claramente Hechos 26:14 y más de setecientos  hebraísmos (al contar hebraísmos como “Y he aquí que”, que se encuentra ciento noventa y cuatro veces en el P.R.; o “subió” o “bajó a Irushaláim”: ambos se encuentran cincuenta y nueve veces) que están marcados con un signo (Y) y explicados a todo lo largo de esta traducción (aunque no hemos contado como tales los cientos de miles de “y” con que cuenta casi cada frase del P.R.) Si lo hubiésemos hecho, habrían miles de hebraísmos.

  1. Entender—brevemente–la historia del judaísmo mesiánico.

            Una de las claves más importantes de nuestra identidad y nuestra auto-identidad es el tema de cuál es la religión, la cultura, y la relación con Elohím, y con Ieshúa, que está más de acuerdo con el Tanáj y con el Pacto Renovado. El judaísmo mesiánico nació en el Siglo I con “Elohím entre nosotros” (“Imánu- Él”), en la forma del Rébe Ieshúa. Sólo unas décadas después de la muerte y resurrección de Éste, los nuevos convertidos al judaísmo mesiánico del Rébe Ieshúa y del Rabino Shául, gentiles que venían de la idolatría y muy influyentes, conocidos como los “Padres de la Iglesia”, comenzaron a escribir y a predicar en contra del Elohím de los judíos y del judaísmo en general. Entre los más extremistas—en este sentido–podemos citar a Origen, Ignacio, Crisóstomo y Justino Mártir. Así, apartándose de las raíces judías en las que debían injertarse—dejando de ser gentiles/idólatras–como dice Ro. 11:17 y Ef. 2:11-12, rechazaron este injerto ordenado por Elohím dentro del árbol judío (y mencionado en varios versículos en el P.R.), tanto ellos como sus lectores y seguidores. Esto está simbolizado por las numerosas capas de tierra y piedra que existen en ciertos lugares históricos de Israel, donde la capa de arriba tiene apenas un par de siglos, y cada capa sucesiva igual, hasta que, para llegar a los dos mil años en que Ieshúa vivió, se necesitan romper y llegar a recuperar veinte o más capas.

Así mismo ha sucedido con el Rébe Ieshúa, Su Nombre, Su civilización judía, religión, cultura, idioma, e identidad. Esta traducción mesiánica renovada se ha propuesto como meta romper estas veinte capas de piedra y tierra, que representan lo que nos separó durante los últimos veinte siglos de Él y de todos estos factores mencionados.

Gracias a estas enseñanzas anti-judías de los Padres de la Iglesia, para principios del Siglo II se formó el cristianismo, que comenzó a adorar a un Jesús rubio, de cabellos largos y cristiano, que usaba una toga romana, que vino a traer una nueva religión, y un nuevo “Testamento”; y no a un Rébe Ieshúa judío y ciudadano israelí, que usaba talít y guardaba el Shabát y todos los Mandamientos. Esto continuó hasta el año 321-325 D.M., en que el Emperador romano Constantino, adorador del Dios Sol iraní, llamado Mithras, “se hizo cristiano”, según todos los comentaristas. Sin embargo, el ya famoso escritor belga Franz Cumont escribió en 1902 “Los Misterios de Mithras”, libro que se popularizó y se tradujo a varios idiomas, entre ellos el inglés, en 1956. Su estudio del mitraísmo y su relación con Roma, y la simultánea adoración a la Magna Mater (“Gran Madre”: léase: “Virgen María”) hizo que la lucha que tuvo lugar en los primeros siglos en Roma entre el cristianismo y el mitraísmo, terminara con el triunfo de este último, gracias a Constantino, un mitraísta declarado hasta el día de su muerte, y fundador de lo que se conoce como “la Iglesia Católica”. Aunque todos los comentaristas dicen exactamente lo contrario, que el catolicismo le ganó al mitraísmo, creemos que tendríamos que poner atención a las pruebas. Las pruebas están a la vista; no es necesario discutir, sólo querer verlas: el viril o custodia usada hasta el día de hoy en las iglesias mitraístas (en forma de receptáculo para la hostia redonda [como el sol]

con rayos de sol a sus costados), la Navidad (día del cumpleaños del Dios Sol, Mithras, y el domingo (“Sun-day” [Día del sol]

en inglés y “Sonn-Tag” [Día del sol]

en alemán), los mismos siete sacramentos, el mismo bautismo con pan y agua; y la cruz en las hostias mitraístas, el celibato, los halos (solares) en las imágenes de los “santos”, igual que en la Iglesia Católica. Nacido de una virgen, Mithras tenía doce discípulos, entre otras muchas más pruebas, que hablan más que las opiniones.1

Encorazonamos a nuestros queridos lectores a buscar en Internet las sorprendentes coincidencias entre el mitraísmo y el catolicismo, para quitarse toda duda. Por otro lado, tenemos que hacer la apropiada distinción entre la Iglesia Mitraísta y la Iglesia Cristiana: la primera, en realidad, adora Mitras, el Dios Sol iraní, algo evidente por las pruebas escritas más arriba, mientras que la segunda a Jesucristo. Recién con el judaísmo mesiánico del Siglo I, traído por Ieshúa mismo, y el del Siglo XX y XXI, se volvió dos mil años atrás, a la adoración correcta del Mesías judío Ieshúa, Elohím “la Palabra/Davár hecha carne” (Ioj. 1:14), y a la Verdad de Elohím respecto a Ieshúa y al judaísmo mesiánico. A partir de 1980, este volver a las raíces originales de nuestra fe, se transformó en un fenómeno mundial. Estas verdades son las que compartimos en esta traducción, en nuestros libros ya publicados y por publicar.

Versiones elegidas para esta traducción. Existen cinco mil trescientas sesenta y seis versiones diferentes en griego del P.R. distribuidas en otros tantos manuscritos, ya que las versiones en hebreo originales han sido quemadas por la Iglesia. Estas versiones se dividen en lo que se llaman las Versiones Mayoritarias, llamadas así porque concuerdan entre sí, en el noventa y nueve por ciento de las cinco mil trescientas sesenta y seis versiones, mientras que las Versiones Minoritarias, entre las que se destacan el Codex Vaticanus, el Codex Alexandrinus, y el Codex Sinaíticus,1 forman sólo el dos por ciento de las versiones y contienen entre cinco y ocho mil omisiones, o cambios en la traducción, tanto de versículos enteros, como de palabras claves. Estas omisiones y cambios no son casuales, ni errores involuntarios, sino un producto de priorizar el dogma de nuestra particular denominación por encima de lo que realmente decía en el hebreo original, o dice en griego, y cambiar la traducción para que coincida con el dogma particular de la denominación, o la Iglesia que patrocina la traducción. Ya que no es posible marcar los cinco a ocho mil omisiones, hemos marcado sólo una milésima de esas frases o palabras omitidas, con el signo ?. Dos ejemplos deberían bastar como botón de muestra, por falta de espacio, de que no estamos dando nuestra opinión, sino hechos concretos aquí: mientras que ya

1 Fuentes: “Jesus versus Christianity” by Alfred Reynolds, pág.78; “The Jesus Mysteries” por Timothy Freke y Peter Gandy; Vermaseren, M.J. Mithras, The Secret God, y el libro de Cumont citado arriba, aparte de docenas de otros libros y lugares de Internet. Casiodoro de Reina en 1569 decía—hace ya quinientos cincuenta años atrás“en el primero de los Sábados” (de la Cuenta del Ómer) en Mt. 28:1,2 traduciendo así correctamente el griego, que dice “mían Sabbáton/en el primero de los Shabatót”, las otras versiones en castellano, dicen: “en el primer día de la semana”, para que coincida con el dogma religioso de que “Jesús resucitó en un domingo” (primer día de la semana), un dogma de la Iglesia mitraísta que adora al Solis Invictus (Sol Invicto, Mitras, un Dios iraní; y de allí “Sun-day”=Día del sol, en inglés, para decir “domingo” y “Sonn-tag” en alemán); dogma que luego pasó a la Iglesia Protestante y a la Evangélica, hasta el día de hoy. Otro ejemplo, para afirmar el mismo dogma del domingo es traducir “sábbati/sabbati” (Shabát) cuarenta y seis veces (en el P.R.) como “día de reposo”, para que mentalmente se lea “domingo”. La prueba de que está equivocado lo de “día de reposo” es que ya la Versión RV2000 lo tradujo “sábado”.

Para evitar este tipo de traducciones, es que hemos elegido como base el Textus Receptus, el mejor de los manuscritos de los llamados Textos Mayoritarios;1 y del griego, lo hemos traducido al hebreo, y de allí al castellano. Sólo de esa forma ha sido posible rescatar las miles de pruebas–no de opiniones–acerca del origen hebreo del P.R., que detallamos en esta página y la siguiente.

 

 

1 Es bien conocida la anécdota (real) de que el recopilador del Códex Sinaíticus, el Conde (ruso) Tischendorff, encontró gran parte de su material en los cubos de la basura de un monasterio, de donde los rescató, ya que sus páginas estaban siendo usadas para encender el fuego de la cocina del monasterio, lo cual nos brinda una idea aproximada de la confiabilidad de dicho Códex. (Ver la página anterior.)

 

2 Edición en facsímil publicada en Madrid, España, de la de 1569, pág. 65 del “N.T.” Además, su explicación al costado es increíble por su precisión, teniendo en cuenta la fecha en que fue escrita: “la madrugada del primer sábado de los siete, de la fiesta de los panes sin leudar, después del primero, que era la fiesta de la Pascua”. ¡Para explicar con tanta verdad lo que significa este versículo, se ha debido esperar cinco siglos y medio, hasta las traducciones mesiánicas como la nuestra!

3 Excepto los siete últimos versículos de Revelación, que se quemaron, y el traductor, Desiderius Erasmus, lo retradujo él mismo a partir del latín, algo que hemos tenido en cuenta para nuestra traducción.Con el propósito de rescatar todo lo posible los originales en hebreo, hemos usado la versión de Shém Tóv (124-HGM) conservada en hebreo, (cuando todas las demás copias en hebreo han sido quemadas públicamente en Europa3 en varias ocasiones y en varias ciudades por parte de la Inquisición fundada por la Iglesia Católica durante la Edad Media, junto con ejemplares del Talmúd judío), sólo cuando la expresión allí es más adecuada y más fiel que la griega, tomando en cuenta el contexto de todo el capítulo, o tema tratado.  Así lo hemos señalado en cada caso en un pie de página, aunque entendemos y aceptamos que la versión de Shém Tóv no es la más adecuada para guía, sin embargo, tiene algunas ventajas. Como dos ejemplos de sus ventajas, en Mt. 5:41, Shém Tóv lo traduce como “élef pasiót/mil pasos” (124-HGM, pág. 21) que es lo que estaba permitido caminar en Shabát, lo cual es vastamente superior a “milla” que es lo que dice, por ejemplo, en las versiones en castellano; primero, porque “milla” no es una medida del castellano, sino del latín, con la que muchos de nuestros lectores—si no todos–no están familiarizados; segundo porque una “milla” no equivale a novecientos sesenta metros, sino a más de un kilómetro y medio, por lo que no corresponde con la medida aquí mencionada; y tercero, porque “élef pasiót” ya directamente está haciendo una alusión/rémetz directa al Shabát, que es precisamente de lo que se está hablando en el versículo, aparte de dar la medida exacta. Como segundo ejemplo, en Mt. 5:33-34, que se está citando a “Lev.” 19:12 y en el 34, el Matitiáhu Shem Tóv dice: “no jurarás falsamente/ve lo tishavú lashéker” (N.S. 8267), algo muy diferente a lo que dicen todas las demás traducciones: “no jurarás”, ¡aunque sea verdad!

Idioma en que fue escrito originalmente el Pacto Renovado. Hemos explicado en varios pies de página que el Pacto Renovado/ha Brít Jadasháh/v¨J¨s£j ,h¦r?cv  fue escrito originalmente en hebreo, no en griego, ni en arameo, el idioma que hablaba Ieshúa, según Él mismo lo dice en Hechos 26:14 y según los más de setecientos hebraísmos1 que hemos encontrado en Sus palabras, y en el resto del P.R.2 Lo hemos comprobado por medio de (1) pruebas internas (en el texto mismo, como las más de veinte menciones en el P.R. de “en hebreo”, como en Lc. 23:38, y en Ioj. 5:2, para mencionar sólo dos), y en los más de setecientos hebraísmos encontrados al traducir del griego al hebreo y de allí al castellano, que hemos señalado con este símbolo (Y) en nuestros pies de página, lo cual todavía no es un total; (2) pruebas externas–por parte de personas que han vivido cercanas a la época en que se escribió, como Papías, Epifanius, Girólamo (“Jerónimo”), Ireneus, Origen, y el historiador judío Flavius Josephus,2b  (3) de las monedas e inscripciones encontradas de la época; (4) de los Rollos del Mar Muerto (escritos en un noventa y nueve por ciento en hebreo, cuando antes de su descubrimiento se creía que en Israel se hablaba arameo); (5) escritores como Flavius Josephus, (6) del Talmúd judío; y (7) de expertos contemporáneos. Creemos que siete pruebas y fuentes diferentes como las mencionadas, pruebas que están detalladas en nuestro artículo en Internet, ¿Fue el Pacto Renovado/Brít Jadasháh escrito originalmente en griego, arameo o hebreo? en www.beitshalom.org, tendrían que ser más que suficientes para que cualquier persona que haya sido indoctrinada en la tradición humana equivocada de que el “Nuevo Testamento” fue escrito originalmente en griego, cambie de opinión, quitándose ese “chip” mental de su mente. Debemos aclarar que los

1 El Diccionario Webster define a una expresión idiomática (como lo es un hebraísmo) así: “una expresión que tiene un significado diferente al literal”. Por ejemplo, “ojo bueno” en Mt. 6:23, que no tiene sentido en ningún idioma, excepto en hebreo, y que significa “generoso”; o “hijo de hombre”, es decir, “descendiente de Adám”. Estos son sólo dos de los ciento once hebraísmos que hemos encontrado al traducir, sólo en Matitiáhu/Mateo y Meír/Marcos, sin contar los trescientos cuarenta y nueve restantes, en el resto del P.R., lo que hace un total de más de cuatrocientos sesenta hebraísmos. Decimos “alrededor”, porque no contamos entre los setecientos hebraísmos, los cientos de miles de “y” que existen en griego y que provienen de la típica sintaxis hebrea (y que no existen en ningún otro idioma), que comienza casi todas las frases con un “ve/v”, traducido al griego como “kai” que significa muchas cosas, entre ellas: “para que”, “mientras que”, “por eso”, “con el propósito de” (Lc. 16:18), “para”, “pero”, “así”, “así como”, “entonces”, “porque”, “por lo tanto”, “es decir”, “ya que”, “mientras”, “por el contrario”. Fuente: New Light on the Difficult Words of Jesus, por David Bivin, págs. 115-116. Tampoco hemos contado los veintisiete “subió” y “bajó” (a Irushaláim), ni las docenas de paralelismos, como “levantó la cabeza y dijo”. Si contamos (1) esta sintaxis de comenzar una oración con “ve/v” como hebraísmos, (2) los paralelismos, y (3) las demás expresiones literarias que sólo se dan en hebreo, (ver nuestro siguiente pie de página, el 2) tenemos un total de miles de hebraísmos en el P.R. Estas son pruebas concretas, no opiniones particulares, ni prejuicios religiosos, ni tradiciones del traductor.

2 Para empaparse de estas pruebas, que tiene muchas páginas y datos muy concretos, remitimos a nuestros lectores a nuestro artículo gratuito: ¿Fue el Pacto Renovado Escrito Originalmente en Griego, Arameo o Hebreo? en castellano, inglés y alemán en nuestro sitio en Internet: www.beitshalom.org. Agregamos aquí una prueba externa adicional: El Talmúd de Irushaláim declara que: “Hay cuatro idiomas de valor: el griego para cantar, el latín para la Guerra, el arameo para poemas cantados y el hebreo para hablar”. Fuente: Tratado de Sotah, 7:2, 30a. Recomendamos leer el siguiente artículo en Internet, que brinda alrededor de veinte tipos diferentes de expresiones que sólo se dan en hebreo y no en griego, de los que sólo mencionaremos ocho, como: (1) el orden de las palabras; (2) el uso de “dijo” (que sólo se da en hebreo); (3) el uso de “vino a suceder”; (4) el uso de “he aquí que”, aparece doscientas diecisiete veces (ver el pie de página de Ro. 11:22), lo cual ya hace un total de casi setecientos hebraísmos, sin contar los demás puntos; (5) el uso de los llamados ‘pleonasmos’: “él levantó los ojos  y vio”, que sólo se da en hebreo; (6) el uso de ciertas palabras que en griego no significa para nada lo que significan en hebreo, como “nomos”, que en griego significa “por convención, por costumbre,” pero que en hebreo significa “Instrucciones (para cómo comportarse): Toráh; (7) repetición de palabras, como “Shímon, Shímon”; y (8) el uso de los superlativos por medio de repetir la misma palabra: “éven éven” (la piedra más sublime de todas); (estos últimos dos ejemplos se encuentran en el P.R.); y muchos más temas que no podemos sintetizar en tan poco espacio. Fuentes: The Semitic Style of the New Testament, por Michael D. Marlowe, en http://www.bible-researcher.com/hebraisms.html y La BibliaWeb, Sociedades Bíblicas Unidas, aunque podríamos agregar cincuenta sitios más sin dificultad.

2b  De acuerdo con el historiador judío Flavius Josephus, los romanos tenían que recibir una traducción de la rendición de los judíos, en hebreo, ya que ellos hablaban este idioma. (Guerra de los Judíos, 5:9:2, pág. 866.). ¿Qué pasó? ¿No podían los judíos hablar griego? Esta es otra prueba más—no una posición teológica—del origen hebreo del Pacto Renovado.setecientos hebraísmos los hemos encontrado en todo el Pacto Renovado, y no sólo en el libro de Matitiáhu, lo cual añade mucho más peso al argumento, ya que el origen hebreo se encuentra en todo el texto, si uno (1) presta atención, y si (2) se saca el prejuicio y la tradición implantada durante veinte siglos. Por el contrario, los que enseñan el origen griego del “Nuevo Testamento” no tienen ninguna de los siete tipos de pruebas que ofrecemos, y sólo con tradiciones y prejuicios transmitidos durante siglos.

Además, hemos restaurado cientos de nombres propios de personas y lugares, que han sido deformados por las traducciones, nombres que comprueban el origen judío del Rébe Ieshúa, el de Sus discípulos, Su idioma original, Su religión (fue circuncidado, celebró todas las festividades judías, incluido el Shabát, igual que Sus discípulos, según Lc. 23:56), Su semántica, Su cultura y Su contexto teológico, religioso, lingüístico y social.

Labor del traductor. Respecto a ésta, nuestra traducción mesiánica renovada, creemos que la labor principal de un traductor es hacer llegar el significado exacto (o lo más aproximado posible) de la palabra original (en este caso en hebreo) a sus lectores. Si para eso tiene que explicarla, ya que el significado ha cambiado, o no está nada claro, o, como sucede en hebreo–que es un idioma extremadamente escueto–se debe realmente explicar lo que algo quiere decir para el Siglo XXI, así lo hemos hecho, colocando las palabras entre paréntesis, para que se entienda que–aunque no se encuentran en el texto griego–es lo que nos va a dar la verdadera comprensión de la palabra. Hemos tratado de traducir lo que se quiso decir en el hebreo original, lo cual no siempre es una traducción literal, como decíamos, como por ejemplo sucede con Mt. 5:17, en vez de literalmente lo que se dijo, ya que, según los expertos en hebreo, la diferencia es substancial, y cambiaría toda la traducción del versículo si lo traduciríamos literalmente. No hemos agregado ninguna palabra, excepto, como decíamos, aquellas que proveen una mejor comprensión al lector, y siempre entre paréntesis, para que nuestros queridos lectores sepan que no está en el original hebreo, ni en griego, pero que consideramos necesaria para una comprensión correcta, algo que otras traducciones no han señalado.

Para dar sólo seis ejemplos, por falta de espacio, en Mt. 6:1 dice en griego (traducido al castellano): “… no hagas tocar trompeta delante de ti… ”, que es una traducción equivocada, sino que hemos traducido correctamente: “Por lo tanto, siempre que den limosnas,1 no lo anuncien con el shofár. Una traducción dinámica (más explicativa) tendría que decir: “Por lo tanto, siempre que den limosnas, no lo anuncien (haciendo sonar con fuerza las monedas al tirarlas adentro) del shofár. (El shofár normalmente es una especie de trompeta hecha de un cuerno de carnero, pero también era usada en el Templo como depósito para las limosnas. Para llamar la atención, algunos tiraban las monedas con fuerza dentro del shofár). Sin las palabras entre paréntesis, toda la expresión no tendría sentido, por lo que, casi siempre hemos colocado esta traducción dinámica como explicación al pie de página, pero no en el texto.

El segundo ejemplo está en 1ª Co. 14:2 donde dice “idiomas”, que normalmente se ha traducido como “lenguas”; no se está hablando de idiomas humanos sino espirituales, y hemos colocado esta última palabra entre paréntesis, para aclarar.
El tercer ejemplo es la palabra “amor”, que es muy mal comprendido; la palabra en hebreo es “ahaváh”, que significa una enorme cantidad de cosas, pero que las hemos

sintetizado en unas pocas palabras después de “amor ahaváh” así: [nuestra voluntad para amar, unida al Amor espiritual de Elohím]

y las hemos colocado, ya sea en el texto, o como pie de página.2 Ofrecemos una explicación mucho más amplia de este tema clave en nuestra Referencia de Mt. 19:19ª, al final del capítulo.

El cuarto ejemplo es la palabra “sinagoga”, a la que le agregamos entre paréntesis “mesiánica”, para que nuestros queridos lectores no se confundan con una sinagoga en que sus miembros no crean en Ieshúa como Mesías, ya que como decimos en referencias, y en varios pies de página, la palabra griega “ekklesias”, en el Siglo I sólo significaba “comunidad”, como lo tradujo bien Tyndale (y le pagaron con la horca el haberlo traducido correctamente), o “congregación”, como se encuentra muchas veces en el Tanáj, pero ni una sola vez se ha traducido como “iglesia”, sino que siempre como “congregación”. El quinto ejemplo es “en Asia”. Ahora bien, hoy en día, para cualquier lector moderno, cuando pensamos en “Asia”, pensamos en China, o en Paquistán, que es algo muy diferente a Turquía, que es el territorio al cual “Asia” se refiere en el P.R., por lo que lo hemos aclarado con tres palabras entre paréntesis: “en Asia (Menor, hoy Turquía)”.

El sexto y último ejemplo es cuando nos encontramos con expresiones cien por ciento hebreas, como “éven éven” (piedra piedra), literalmente. Sin embargo, esto es sólo otro hebraísmo más, y lo hemos traducido como “piedra excepcional”, que otras traducciones no han hecho. Además, cuando encontramos errores que no pueden ser más que eso, hemos colocado la palabra que tenía que haber estado, como sucede en 1ª Co. 11:23, cuando Ieshúa está celebrando Pésaj, dice en griego “artón/pan”. Ahora bien, no puede haber tomado pan, ya que no existía el pan en Israel en los días de Pésaj, sino que tenía que haber sido obligatoriamente matzáh (pan sin levadura), por lo que hemos cambiado lo que dice en griego por la Verdad incontrovertible: matzáh. También hemos escrito “Dios” con mayúsculas, ya que todos los Dioses son deidades que nada tienen que ver con el Único Elohím verdadero, el Elohím de Israel. Como explicamos en Hechos 14:13, la palabra en griego allí es “Diós”, y se está refiriendo al máximo demonio griego, por lo que no necesitamos más “proteger” la palabra “Dios” escribiéndola con minúsculas, cuando el texto se refiere a un demonio, ya que todos los “Dioses” lo son. Hemos traducido “Biblion” y “Biblios” (Libro) como lo que realmente significaba hace dos mil años en las sinagogas judías: un rollo [de pergamino]

, ya que los libros no se hicieron hasta siglos después de Ieshúa. Tan obvio es este error que una famosa traducción en Lc. 4:20 en castellano dice “y enrolló el libro”. ¿Cómo se puede enrollar un libro?

Detalles a ser recordados. (1) Hemos colocado entre corchetes []

aquellas palabras que deben estar en la traducción misma, ya que son parte integrante de la palabra griega, para indicar que no son una intervención, ni una opinión de este traductor, sino que ya están implícitas en la palabra misma, aunque nadie lo había dicho así hasta ahora, como “el rollo [de pergamino]

” citado unas líneas más arriba. Hemos colocado entre paréntesis () aquellas palabras que son imprescindibles para entender a cabalidad lo que el autor del libro en cuestión quiso decir. Por ejemplo, cuando se reúnen los judíos mesiánicos, lo hacen en una sinagoga, pero no se trata de una sinagoga judía que no cree en Ieshúa, sino en una judío-mesiánica, y por eso hemos colocado “mesiánica” entre paréntesis, para que nuestros queridos lectores tengan presente la diferencia, ya que no era una “iglesia” cristiana, como todos creen. En otras traducciones no se han señalado así las palabras explicativas, por lo que el lector cree que todas las palabras provienen de los originales griegos o hebreos, aunque no es así. (2) En algunos casos, para no agregar al texto, hemos colocado entre paréntesis “()” lo que creemos que tendría que estar para

hacer más comprensible el texto, y  en ocasiones lo hemos dejado en el texto principal, y en otros casos, lo hemos colocado en pies de página entre paréntesis, para no agregar a la traducción principal, acompañado o no de un comentario adicional. (3) Hemos escrito en tamaño más pequeño que el texto mismo, los versículos del Tanáj a los que el texto del P.R. se está refiriendo, para aquellos de nuestros queridos lectores que deseen comprobar que las profecías se cumplieron. Por ejemplo, al terminar el texto de Lc. 2:12 hemos colocado: (1ª S. 2:34; 2ª R. 19:29; Is. 7:14). (4) Hemos optado por repetir algunos comentarios (no iguales, pero  parecidos), para evitarle al lector irse a cientos de páginas de donde está leyendo, para leer un breve pie de página, que dejarlo en un solo pie de página, lo cual es muchas veces molesto para nuestros queridos lectores. (5) No hemos colocado subtítulos, como casi todas las traducciones, porque son adiciones al texto, ya que muchas son teología pura. (6) Tampoco hemos usado la letra “y” como “i”, ya que en castellano la “y” se pronuncia como en “yema” o “yeso”, y no “i”.

Palabras en hebreo en el texto. Tampoco hemos colocado muchas palabras en hebreo en la traducción en sí, ya que se dificulta la lectura para la mayoría de los lectores, excepto palabras como “Rúaj ha Kódesh” (“Espíritu Santo”), que sí son muy conocidas ya por los judíos mesiánicos; “shofár” que no significa “trompeta” como siempre se ha traducido, o como “Mi Señor/ADONÁI”, “ADONÁI (IHVH)”, “Toráh (“Pentateuco” y “Biblia”); Tanáj1 (las Escrituras Judías en su totalidad, las cuales nunca se debieron llamar “el Antiguo Testamento”); y ocasionalmente hemos usado “jévre” (hermanos, gente de la misma fe) y “mitzvót/buenas obras”, una palabra clave en hebreo, ya que se refiere a cumplir los Mandamientos, y quizás por eso, nunca se ha traducido así, sino con cualquier sinónimo disponible. Hablamos del uso de palabras en hebreo, ya que el hebreo hablado tiene un poder espiritual que no tiene el griego (como en el uso frecuente de “Jesucristo”), y es nuestro anhelo que las sinagogas mesiánicas, y los judíos mesiánicos hagamos uso de este poder, que los siglos de desinformación nos han quitado. Las demás palabras en hebreo las hemos explicado en glosarios al final de cada capítulo de todo este Pacto Renovado/Brít Jadasháh/v¨J¨s£j  ,h¦r?c, con algunas contadas excepciones. Por ejemplo, es imprescindible el distinguir, por ejemplo, entre “ben Adám“/(un) hombre (cualquiera) y el Bar Enásh/Ser Humano (que es una expresión clave para decir “El Ungido/Mashíaj“); o cuando, por ejemplo, la palabra “tzedakáh” significa nada menos que cuarenta y cinco cosas diferentes; tanto “limosnas” como “salvación”, la hemos dejado, tanto en castellano como en hebreo, para mostrar a nuestros queridos lectores la palabra original hebrea, que es la que subyace detrás de la palabra griega y castellana como la hemos traducido. (Ver nuestra Referencia 6:1 de Matitiáhu, al final del capítulo.)

1 Rajamím es la palabra hebrea que se tradujo al griego como “elemosúnen/elemosunen”, misericordia expresada prácticamente en forma de limosnas, aunque literalmente significa “misericordia”. Otro ejemplo del pensamiento hebreo, del cual hablamos en otro pie de página: éste es práctico; la misericordia no es sólo un vago sentimiento en el corazón, o peor, algo que decimos que tenemos con nuestra boca, sino algo que hacemos: limosnas.

2  Ver nuestra Referencia 15:9 al final de ese capítulo de Iojanán.Manejo de los nombres griegos. Hemos traducido los nombres extremadamente difíciles de pronunciar como “Kencreas” (Hchs. 18:18, para dar un ejemplo de cientos), cuyo verdadero nombre en griego es “Kegjreias”, que es impronunciable. Además, hemos colocado el nombre original de la persona o ciudad, seguido de una barra (/) y el nombre traducido al castellano por el que ya es conocido.
Hemos llamado al hermano por parte materna del Amo Ieshúa con su verdadero nombre, que era Iaakóv y que era, obviamente, un judío circuncidado; si lo queremos traducir al castellano, tenemos el nombre propio Jacobo, que nadie ha usado nunca en las traducciones del P.R. aun cuando en griego dice Iakoboy, que para traducirlo, no hay que ser un profesor de griego para saber que es “Jacobo”. “Santiago” viene de “Sant Iago”, un santo católico que nunca existió, por supuesto

Citas del Tanáj. Las citas del Tanáj en el P.R. las hemos colocado en negritas para que se puedan reconocer inmediatamente como tales, seguidas de sus fuentes en el Tanáj, que están sacadas de una versión judía, y no de la Septuaginta, ni de la Biblia cristiana, que contienen (cada una de ellas) cientos de errores. La pronunciación de las citas las hemos colocado en cursivas para que todos nuestros queridos lectores las puedan leer, seguidas de la cita en el hebreo original. Cuando la cita difiere del griego, hemos optado por colocar la cita original, ya que se trata de eso y no de una opinión del traductor del P.R. Las palabras que no están en el Tanáj de la supuesta cita, la hemos dejado en color normal, para distinguirla de las palabras en negritas, que sí son parte original de la cita.

Uso de mayúsculas y minúsculas. Ya que el hebreo original es todo en mayúsculas, hemos colocado algunas palabras clave en mayúsculas, porque así corresponde, como “Señor”, “Mi”, “Yo” cuando se refieren, tanto a Ieshúa como a ADONÁI (hwhy). Por último, en los glosarios hemos colocado las palabras después de un punto con minúscula, ya que así consta en el texto del libro que estamos traduciendo.

“Amo” versus “Señor”. Hemos diferenciado al Padre como ADONÁI (hwhy) y a Ieshúa como Adón (Amo) o ADONÁI (Mi Amo). Hay una enorme diferencia entre “Amo” y “Señor”. En la antigüedad, y en la Edad Media, un “Señor” era un Amo, con poder de vida y muerte sobre sus esclavos, y éste es el significado de la palabra original “Adón” en hebreo, y así lo hemos traducido. En inglés se lo ha traducido correctamente como “Master”, que significa “Amo”, pero se lo ha retraducido al castellano como “Maestro”, que no es la traducción de “Master”, del inglés, ni es la traducción del hebreo “Rabí” como “Maestro”, ya que “Maestro” se dice “moréh” en hebreo.

Por qué no hemos usado el Nombre Santo de Elohím Padre. Al contrario de nuestros libros anteriores, al traducir, nos hemos dado cuenta que Ieshúa jamás pronunció en público el Nombre Santo, sino que usó eufemismos, como “el Poder”, o “los Cielos”, por lo que nosotros hacemos lo mismo que Él.

“Usted” versus “tú”. Hemos utilizado un recurso que tenemos en castellano, pero no en hebreo, ni en inglés y que no hemos visto que se haya usado en ninguna traducción: el tuteo versus el “usted”; delante de Ieshúa, las personas (especialmente los romanos) que lo respetaban, no hubiesen usado el tuteo, y así lo hemos traducido nosotros, con excepción de Sus discípulos, que sí lo hubiesen tuteado.

Abreviaturas. Hemos colocado algunas abreviaturas, como “circa” (“alrededor de”, cuando se trata de fechas aproximadas); op. cit. (opus cit.= “obra citada”—anteriormente en las páginas precedentes); Ioj. para no decir “Juan”, quien nunca existió; “cap.” para “capítulo”; “pág.” para “página”; “vers.” para versículo; “R.” para “Rabino”, “P.R.” para “Pacto Renovado”, y Teh. para “Tehilím/“Salmos” entre otras abreviaturas. Hablando de este libro específico, cuando el nombre por el cual el nombre del libro es conocido, como es el caso de “Salmos”, lo colocamos entre comillas, ya que la correcta abreviatura, como hemos escrito en la frase anterior sería “Tehilím” (“Alabanzas”) y así la hemos abreviado a veces, sin comillas, ya que es correcta: Teh. Algo muy similar sucede cuando citamos de la Toráh (los cinco primeros libros del Tanáj (llamado incorrectamente “A.T.”), usamos varios detalles que necesitan explicación: la Septuaginta (más conocida como “LXX”) trastocó los nombres originales de la Toráh y colocó otros nombres a su arbitrio, que no tienen nada que ver con el original hebreo. Por ejemplo, el segundo libro es llamado “Shemót” que significa “Nombres”, y que la LXX tradujo incorrectamente como “Éxodo” (“Ex.”). Nosotros, para informar y enseñar a nuestros queridos lectores, hemos colocado algunas citas así: “Shemót/Nombres/“Ex.”. Aquí hay dos puntos adicionales que explicar: el uso de la barra (/) es para separar traducciones diferentes o en idiomas diferentes del mismo libro; las comillas alrededor de “Ex”, indican al lector que la traducción no es correcta (en este caso, porque, obviamente, “Éxodo” no es la traducción de “Nombres”. Otro ejemplo es “Maguén David” que no significa “Estrella de David”, sino “Escudo de David”, y por eso también lo hemos colocado entre comillas. En algunos casos aislados, en que citamos de una fuente, cuando lo que ésta dice no es claro, colocamos entre paréntesis una aclaración y la firmamos con nuestras iniciales (J.D.), para señalar qué significa, y que el autor citado no fue el que dijo esto, sino este traductor.

Usamos “A.M.” (Antes del Mashíaj) para significar lo que en el cristianismo se conoce como “A.C.” y en el judaísmo como “A.E.C.” (Antes de la Era Común); y “D.M.” (Después del Mashíaj Ieshúa) para significar lo contrario: “D.C.” o “A.D.” (usado por los cristianos), y “D.E.C.” (usado por los judíos rabínicos), respectivamente. Cuando estamos citando a alguien que no usa “A.M.”/D.M.”, hemos colocado esta manera de fechar mesiánica renovada, seguidas de las iniciales de este traductor: “J.D.” entre paréntesis.

Hemos usado la abreviatura “N.S.” para los “Números Strong”, con que se catalogan las palabras en hebreo o griego, y luego se pueden buscar en los diccionarios respectivos. Cuando citamos a algún autor en nuestros pies de página, a veces usamos tres puntos suspensivos (…) para indicar que lo que citamos no es toda la frase, o no todo el párrafo, sino que hemos seleccionado sólo las partes interesantes, pero que no constituyen la cita completa, sino sólo las partes que nos interesan citar. Varias veces dentro de un capítulo, hemos escrito “Prushím/Separados/“Fariseos” para aclarar, pero dentro del mismo capítulo ya hemos escrito sólo “Prushím”, atendiendo a que nuestros lectores ya saben por la primera indicación de que se trata de los Fariseos.

Lentes judíos versus lentes griegos. Por último, es clave el entender que podemos leer el Pacto Renovado y sus traducciones con dos tipos de lentes: con lentes de Irushaláim, los correctos; o con lentes de Atína (la Diosa griega que conocemos como “Atenas”, la hija de Zeus, quien nació de la cabeza de éste último), lentes que van a darnos una versión distorsionada de lo que estamos leyendo.

Cuando se leen las palabras con los lentes judíos, cada palabra y cada frase y concepto está enfocado a la relación con Elohím, con los judíos (por sangre y por fe) y en la Toráh en su interpretación. Además, el hebreo es un idioma que expresa el constante movimiento que tienen, tanto el Universo, como las personas, como lo expresó muy bien Alfred Korzybski, en su Science and Sanity, (publicado en 1933) donde habla de niveles en cada palabra, ya que cada uno de nosotros estamos cambiando constantemente, algo que explicamos mejor en una referencia. Dice Thorleif Boman,1 que “davár”, la palabra en hebreo que comúnmente se conoce como “palabra”, tiene intrínsecamente la connotación de “lo logrado”, “lo hecho”, ya que existe en hebreo el concepto ya colocado allí por Elohím, de que todo está y debe estar cambiando, transformándose y uniendo la palabra con el hecho. Por un lado, esto termina de una vez por todas con el famoso problema de “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, serás salvo” (Ro. 10:9), lo cual es sólo la teoría, y falta la práctica, que es el cumplir los Mandamientos; dicho como lo expresamos más arriba: palabra (confesar el creer en Ieshúa) + hecho (hacer lo que Él nos ordena: los Mandamientos). Por otro lado, esto es exactamente lo que insistió el fundador de la Semántica General, Alfred Korzbyski en los años Treinta: que estamos constantemente en un proceso de “llegar a ser, distintos de lo que fuimos”. En cambio, cuando estamos leyendo con lentes griegos, el enfoque está basado en el mundo exterior y en las ciencias (física, psicología, etcétera) y las palabras son estáticas, sin movimiento interno. El “lógos” (palabra) es sencillamente el “poner en orden un pensamiento”; logos proviene de “lego/legw”, hablar.

1 Que es un acróstico de las tres partes en que se dividen las Escrituras judías: la “Toráh”, “Neviím/Profetas”, y “Ketuvím/Escritos”.Para dar un segundo ejemplo entre miles, tomemos la palabra “verdad”. Con lentes judíos, la palabra “Verdad” significa lo que Elohím mismo nos ha dicho en profecía: “Es Mi

entrada en alguien/algo, para llegar a ser lo que ése alguien/algo estaba destinado a ser”. (El subrayado es para énfasis, por ser palabra de profecía de Elohím mismo). Uno se podría preguntar, como le preguntó mi esposa a Elohím: “Entonces, toda esa gente que te tiene a Ti y no tiene la Verdad, ¿por qué es esto?” Su respuesta: “Me tiene en teoría, pero no en la práctica diaria, en cada tema, en cada actividad, en cada pensamiento”. Así, con los lentes judíos, conocer la Verdad significa: “entender algo o a alguien dentro de quien Elohím ya está viviendo, actuando y cambiándolo, y ver Su Presencia y Su cambio en esa persona o cosa”. Cuando leemos con lentes griegos, la palabra “verdad” significa algo estático y científico: el que algo sea así, o no.          Esta decisión de enfocar nuestra lectura con lentes judíos o con lentes griegos hacen toda la diferencia entre una comprensión, y (en nuestro caso, en una traducción) correcta (desde el punto de vista de Elohím); y en una comprensión y traducción equivocada y muy lejos del verdadero significado de cada palabra y frase. Ver nuestras extensas Referencias en Iojanán 1:1a y 1:1c al final del capítulo 1 para mucha más información al respecto.

Hemos usado tres tipos de comentarios: (1) los pies de página, que son comentarios breves; (2) los glosarios castellano/hebreo, con las palabras y expresiones más comunes; y (3) las referencias (culturales, religiosas, históricas), están marcadas con el número de capítulo y versículo en negritas (el primero dice 1:1a, en Mt. 1:1) en el texto mismo de la traducción, y sus respectivas explicaciones están colocadas al final de cada capítulo, a continuación de los glosarios castellano/hebreo bajo el subtítulo de REFERENCIA, para aquellos lectores que tienen interés en profundizar en algún aspecto de lo comentado. Cada cita del Tanáj (“A.T.”) es del hebreo, y no de lo que dice el griego del Textus Receptus; decimos esto, porque casi todas las citas en traducciones en castellano o en inglés, tienen uno o más versículos de diferencia con el hebreo original o palabras diferentes o agregados que no se encuentran en los versículos originales de las citas. Por ejemplo, en Iojanán 1:2 se hace una referencia a Ieshúa que la traducción en castellano al pie de página dice que proviene de Míjah (“Miqueas”) 5:2; mientras que en hebreo está en Míjah 5:1. Las citas están en negritas, para distinguirlas. Las revelaciones de Elohím las hemos subrayado.

Algunas repeticiones en los pies de página y referencias. Hemos preferido repetir algunos comentarios para aquellos lectores que lo notan por primera vez. Además, deseamos evitar la molestia de buscar un pie de página o una referencia que tome unos minutos en encontrar y por eso hemos repetido algunos comentarios, por lo que prevenimos a nuestros queridos lectores sobre estas repeticiones, que fueron hechas para su expresa comodidad.

Por último y como corresponde en cada libro serio, al citar algo que otro autor escribió, hemos colocado la fuente de donde sacamos la cita, de la bibliografía de cuatro páginas que está al final de esta introducción, para no quitarle el mérito al autor, haciéndolo pasar por nuestro; algo que nos hubiese gustado que algunos autores mesiánicos hubiesen hecho con el material sacado de nuestros libros y traducciones anteriores y artículos y parashót (comentarios semanales del Tanáj en nuestro sitio).

1 Hebrew Thought compared with Greek, publicado por W.W. Norton & Co, 1970.

by dambs

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